ESPAÑOL

La alondra cantarina y saltarina

ROMÂNĂ

Privighetoarea cea cantatoare si jucausa


Érase una vez un hombre que, antes de salir para un largo viaje, preguntó a sus tres hijas qué querían que les trajese. La mayor le pidió perlas; la segunda, diamantes; pero la tercera dijo:
- Padre querido, yo deseo una alondrita que cante y salte.
Respondióle el padre:
- Si puedo encontrarla, la tendrás -y, besando a las tres, se marchó.
Cuando fue la hora de regresar a su casa, tenía ya comprados los diamantes y las perlas para las dos hijas mayores, pero en cuanto a la alondra cantarina y saltarina que le pidiera la menor, no había logrado encontrarla en ningún sitio, y le pesaba, porque aquella hija era su preferida.
He aquí que su camino pasaba por un bosque, en medio del cual levantábase un magnífico palacio, y cerca de él había un árbol. Sucedió que en lo más alto de aquel árbol descubrió nuestro hombre una alondra que estaba cantando y saltando:
- ¡Vienes como llovida del cielo! -exclamó, alegre, y, llamando a un criado suyo, mandóle que subiese a la copa del árbol para coger al pajarillo. Pero al acercarse al árbol, saltó de repente un fiero león, sacudiendo la melena y rugiendo de tal modo, que todo el follaje de los árboles circundantes se puso a temblar.
- ¡Devoraré a quien pretenda robarme mi alondra saltarina y cantarina!
Excusose entonces el hombre:
- Ignoraba que el pájaro fuese tuyo; repararé mi falta y te pagaré un buen rescate en dinero; mas perdóname la vida.
Dijo el león:
- Nada puede salvarte, excepto la promesa de entregarme lo primero que salga a tu encuentro cuando llegues a tu casa. Si te avienes a esta condición, te perdonaré la vida y encima te daré el pájaro para tu hija.
Pero el hombre se negó, diciendo:
- Podría ser mi hija menor, que es la que más me quiere y sale siempre a recibirme cuando vuelvo a casa.
El criado, asustado, le dijo:
- No ha de ser precisamente vuestra hija la que salga a vuestro encuentro; a lo mejor será un gato o un perro.
El hombre se dejó persuadir y, cogiendo la alondra, prometió dar al león lo primero que encontrase al llegar a casa.
Y he aquí que al entrar en su morada, ¿quién había de ser la primera en salir a recibirlo, sino su querida hijita menor? Acudió corriendo a besarlo y abrazarlo, y, al ver que le traía su alondra saltarina y cantarina, no cabía en sí de contento. El padre, empero, en vez de alegrarse, rompió a llorar, diciendo:
- Hijita mía, cara he pagado esta avecilla, pues por ella he debido prometer entregarte a un león salvaje que, cuando te tenga en su poder, te destrozará y devorará -y le contó lo que le había sucedido, pidiéndole que no fuese, pasara lo que pasara. Pero ella lo consoló y le dijo:
- Padre mío, debéis cumplir lo que prometisteis; iré, y estoy segura de que sabré amansar al león y regresaré a vuestro lado sana y salva.
A la mañana siguiente pidió que le indicasen el camino, y, después de despedirse de todos, entró confiada en el bosque. Pero resultó que el león era un príncipe encantado, que durante el día estaba convertido en aquel animal, así como todos sus servidores, y al llegar la noche recobraban su figura humana. Al llegar, la muchachita fue acogida amistosamente y conducida al palacio, y cuando se hizo de noche, viose ante un gallardo y hermoso joven, con el cual se casó con gran solemnidad. Vivieron juntos muy a gusto, velando de noche y durmiendo de día. Al volver a palacio en cierta ocasión, dijo el príncipe:
- Mañana se da una gran fiesta en casa de tu padre, porque se casa tu hermana mayor; si te apetece ir, mis leones te acompañarán.
Respondió ella afirmativamente, diciendo que le agradaría mucho volver a ver a su padre, por lo que emprendió el camino, acompañada de los leones. Fue recibida con grandísimo regocijo, pues todos creían que el león la había destrozado, y que estaba muerta desde hacía mucho tiempo. Pero ella les explicó cuán apuesto marido tenía y lo bien que lo pasaba, y se quedó con los suyos hasta el fin de la boda; luego se volvió al bosque. Al casarse la hija segunda y habiendo sido también invitada la princesa, dijo ésta al león:
- Esta vez no quiero ir sola; tú debes venir conmigo.
Pero su marido le explicó que el hacerlo era en extremo peligroso para él, pues sólo con que le tocase un rayo de luz procedente de un fuego cualquiera, se transformaría en paloma y habría de permanecer siete años volando con estas aves.
- ¡No temas! -exclamó ella-. Ven conmigo. Ya procuraré yo guardarte de todo rayo de luz.
Marcháronse, pues, los dos, llevándose a su hijo de poca edad. La princesa, al llegar a la casa, mandó que enmurallasen una sala, de manera que no pudiese penetrar en ella ni un solo rayo de luz; allí permanecería su esposo mientras estuviesen encendidas las luces de la fiesta. Pero la puerta, que era de madera verde, se rajó, produciéndose una pequeñísima grieta de la que nadie se dio cuenta. Celebróse la ceremonia con toda pompa y magnificencia, y, de regreso a la casa la comitiva, al pasar por delante de la sala con todos sus hachones y velas encendidos, un rayo luminoso, fino como un cabello, fue a dar en el príncipe, quien, en el acto, quedó transformado. Cuando su esposa entró en la estancia a buscarlo, no lo vio en ninguna parte, y sí, en cambio, una blanca paloma. Díjole ésta:
- Por espacio de siete años tengo que estar volando errante por el mundo; pero cada siete pasos dejaré caer una roja gota de sangre y una pluma blanca; ellas te mostrarán el camino, y, si sigues las huellas, podrás redimirme.
Echó la paloma a volar, saliendo por la puerta, y la princesa la siguió, y cada siete pasos caían una gotita de sangre roja y una blanca plumita, que le indicaban el camino. Siguió ella andando por el vasto mundo, sin volverse a mirar atrás ni descansar jamás, y así transcurrieron casi los siete años, con gran alegría suya, pensando que ya no faltaba mucho para su desencanto. Un día, al disponerse a proseguir su camino, de pronto dejaron de caer las gotitas de sangre y las plumas, y, cuando levantó la vista, la paloma había desaparecido. Y pensando: "Los humanos no pueden ayudarme en este trance," subió al encuentro del Sol y le dijo:
- Tú que envías tus rayos a todas las grietas y todas las cúspides, ¿no has visto una paloma blanca?
- No -respondióle el Sol-, no he visto ninguna, pero aquí te regalo una cajita; ábrela cuando te halles en gran necesidad.
Después de dar las gracias al Sol, siguió caminando hasta la noche, y cuando salió la Luna se dirigió a ella y le dijo:
- Tú que brillas durante toda la noche e iluminas campos y bosques, ¿no has visto volar una paloma blanca?.
- No -replicó la Luna-, no la he visto, pero te hago obsequio de un huevo, rómpelo cuando te encuentres en gran necesidad.
Dio las gracias a la Luna, y continuó su camino, hasta que empezó a soplar la brisa nocturna, a la cual se dirigió también, diciéndole:
- Tú que soplas sobre todos los árboles y sobre todas las hojas, ¿no has visto volar una paloma blanca?
- No -respondióle la brisa-, no he visto ninguna, pero preguntaré a los otros tres vientos, tal vez ellos la hayan visto.
Vinieron el de Levante y el de Poniente, pero ninguno había visto nada, y acudió luego el de Mediodía y dijo:
- Yo he visto la paloma blanca, que ha volado hasta el Mar Rojo, donde se ha vuelto a transformar en león, pues han transcurrido los siete años; y allí el león está librando combate con un dragón, pero este dragón es una princesa encantada.
Y luego díjole la brisa nocturna:
- Voy a darte un consejo. Vete al Mar Rojo; en su orilla derecha hay unas grandes varas; cuéntalas y corta la undécima y con ella golpeas al dragón; entonces el león lo vencerá y ambos recobrarán su forma humana. Mira después a tu alrededor y descubrirás el ave llamada grifo, que habita los parajes del Mar Rojo; tú y tu amado os montáis en ella, y el animal os conducirá a vuestra casa, volando por encima del mar. Aquí te doy también una nuez. Cuando te encuentres en medio del mar, suéltala; brotará enseguida y saldrá del agua un gran nogal donde el ave podrá descansar; pues, si no pudiese hacerlo, no tendría la fuerza necesaria para transportaras hasta la orilla opuesta. Si te olvidas de soltar la nuez, el grifo os echará al mar.
Partió la joven princesa y le sucedió todo tal como le dijera la brisa nocturna. Contó las varas del borde del mar, cortó la undécima y, golpeando con ella al dragón, fue éste vencido por el león, y en el acto recuperaron uno y otro sus respectivas figuras humanas. Pero no bien la otra princesa, la que había estado encantada en forma de dragón, quedó libre del hechizo, cogió al joven del brazo, montó con él en el grifo y emprendió el vuelo, quedando la desventurada esposa abandonada nuevamente en un país remoto. En el primer momento se sintió muy abatida y se echó a llorar, pero, al fin, cobró nuevos ánimos y dijo:
- Seguiré caminando, mientras el viento sople y el gallo cante, hasta encontrarlo.
Y recorrió largos, largos caminos, y llegó, por fin, al palacio donde los dos moraban y se enteró de que se preparaban las fiestas de su boda. Díjose ella: "Dios no me abandonará" y, abriendo la cajita que le diera el Sol, vio que había dentro un vestido brillante como el propio Astro. Se lo puso y entró en el palacio, donde todos los presentes, e incluso la misma novia, se quedaron mirándola con asombro y pasmo. El vestido gustó tanto a la prometida, que pensó adquirirlo para su boda, y preguntó a la forastera si lo tenía en venta:
- No por dinero -respondió ella-, sino por carne y sangre.
Preguntóle la novia qué quería significar con aquellas palabras, y ella le respondió:
- Dejadme dormir una noche en el mismo aposento en que duerme el novio.
La princesa se negó al principio, pero deseaba tan ávidamente el vestido, que al fin se avino, aunque ordenó secretamente al ayuda de cámara que administrase un somnífero al príncipe. Llegada la noche, y cuando ya el joven dormía, introdujeron en la habitación a su esposa, quien, sentándose a la vera de la cama, dijo:
- Te estuve siguiendo por espacio de siete años; fui a las mansiones del Sol, de la Luna y de los cuatro vientos a preguntar por ti, y te presté ayuda contra el dragón. ¿Y vas a olvidarme ahora?
Pero el príncipe dormía tan profundamente, que sólo percibió un ligero rumor, como el del viento murmurando entre los abetos del bosque.
A la mañana, la joven fue despedida, después de haber entregado el vestido. Y al ver que tampoco aquello le había servido se dirigió a un prado, llena de tristeza y amargura, se tumbó en el suelo y prorrumpió en amargo llanto. Pero entonces le vino a la memoria el huevo que le había dado la Luna. Lo rompió y apareció una gallina clueca con doce polluelos, todos de oro, que corrían ligeros piando y picoteando, y volvían a refugiarse bajo las alas de la madre, y era un espectáculo como no pudiera imaginarse otro más delicioso en el mundo entero. Levantóse, y los dejó correr por el prado, hasta que la novia los vio desde su ventana y, prendándose de los polluelos, bajó a preguntar si los tenía en venta:
- No por dinero -respondió la joven-, sino por carne, y sangre; déjame pasar otra noche en el aposento donde duerme el novio.
- De acuerdo -asintió la prometida, pensando que la engañaría como la vez anterior. Pero el príncipe, al ir a acostarse, preguntó a su ayuda de cámara qué rumores y murmullos eran aquellos que habían agitado su sueño la otra noche, y entonces el criado le contó todo lo ocurrido. Cómo le habían mandado darle un soporífero porque una pobre muchacha iba a pasar la noche en su aposento, y cómo debía repetir la operación. Díjole el príncipe:
- Vierte el narcótico al lado de la cama.
Fue introducida nuevamente su esposa, y cuando se puso a darle cuenta de su triste suerte, reconociéndola él por la voz, se incorporó y exclamó:
- ¡Ahora sí que estoy desencantado! Todo esto ha sido como un sueño, pues la princesa forastera me hechizó y me obligó a olvidarte, pero Dios viene a librarme a tiempo de mi ofuscación.
Y los dos esposos se marcharon en secreto del palacio al amparo de la oscuridad, pues temían la intervención del padre de la princesa, que era brujo, y, montaron en el ave grifo, que los llevó a través del Mar Rojo; y, al llegar a la mitad, la esposa soltó la nuez. Enseguida salió del seno de las olas un poderoso nogal, en cuya copa se posó el ave a descansar, y luego los llevó a su casa, donde encontraron a su hijo, crecido y hermoso, y vivieron ya felices hasta el día de su muerte.
A fost odata un om si omul asta a trebuit sa plece pe neasteptate intr-o lunga calatorie. Si luindu-si el ramas bun de la cele trei fiice ale lui, le intreba ce-ar dori sa le aduca de pe cele meleaguri straine. Fata cea mare pofti sa-i aduca margaritare, cea mijlocie - pietre nestemate, iar cea mica ii zise:
- Draga tata, eu imi doresc o privighetoare cinta-toare si jucausa.
- Bine, fata mea, daca oi gasi-o, sa stii c-am sa ti-o aduc! o asigura taica-sau.
Le saruta apoi pe citesitrele si o porni la drum.
Cind veni timpul sa se intoarca acasa, avu grija sa cumpere margaritare si pietre nestemate pentru cele doua fete mai mari, dar vezi ca pentru fie-sa a mica nu putuse sa gaseasca privighetoarea cintatoare si jucausa, in zadar isi pierduse vremea cautind pretutindeni, ca, pana la urma, tot n-o afla. Lucrul asta il mihni peste masura, si cum sa nu-l fi mihnit, cand fata a mica ii era copilul cel mai drag.
Porni omul nostru pe drumul de intoarcere si, dupa o bucata buna de drum, nimeri intr-o padure. Drept in mijlocul acelei paduri se inalta o mindrete de palat, ca-ti bucura inima vazindu-l. Iar mai incolo, pe un tapsan, un coscogea stejar isi zbatea crengile in vint. Si-n virful pomului asta, o privighetoare se-nvirtea jucausa, sarind din creanga in creanga si cintind, ca se infiora vazduhul de viersul ei. Omul se opri in loc, fermecat, si grai plin de veselie: - Ei, tocmai la timp imi picasi!...
Si-i porunci servitorului pe care-l avea pe langa sine sa se urce in stejar si sa-i prinda pasarea. Dar cum se apropie de pom, numai ce sari dindaratul lui un leu furios, care-si zbirli coama si mugi de se cutremurara, frunzele copacilor...
- Ai vrut tu sa-mi furi pasarea, da sa stii ca nu-ti merge cu mine! Ca aceluia care vrea sa-mi rapeasca privighetoarea cea cintatoare si jucausa, nu-i mai sunt harazite multe ceasuri!... Pe loc il sfisii.
Cugeta omul ce cugeta si apoi ii raspunse:
- De-as fi stiut ca e a ta pasarea, nu m-as fi atins de ea. Da acum, c-am gresit, vreau sa-mi repar greseala si sa ma rascumpar cu bani grei, numai sa nu ma sfisii.
ii asculta leul spusele si, la rindul lui, ii grai astfel:
- Numai intr-un singur chip ti-ai putea salva viata: de mi-ai fagadui c-o sa-mi daruiesti prima vietuitoare care ti-o iesi in cale cand vei pasi pragul casei. De te invoiesti, sa stii ca-ti mai dau si privighetoarea pe deasupra, ca s-o duci fetei tale.
- Nici in ruptul capului, c-ar putea sa fie chiar fata mea a mica. De mult ce ma iubeste, ea alearga totdeauna in intimpinarea mea, ori de cite ori ma intorc acasa.
Vezi insa ca servitorului ii dirdiia inima de frica si, ca sa scape din gheara leului, cauta sa-l abata pe sta-pina-sau de la gindurile sale.
- Da ce, parca numai fiica dumitale a mica ar putea sa-ti iasa in cale?!... Ba, s-ar putea prea bine sa fie o pisica sau un ciine...
Omul se lasa convins de vorbele servitorului sau si, luind cu sine privighetoarea cea cintatoare si jucausa, ii fagadui leului c-o sa-i daruiasca vietuitoarea care i-o iesi cea dintii in cale cand o sosi acasa.Dar vezi ca inima nu-l inselase... Cum pasi pragul casei, prima fiinta care-i iesi in fata fu draga sa fetita. Ii venea in intimpinare, alergind... Si de indata ce fu aproape de el, il imbratisa si-l coplesi cu sarutari. Ei, si nici nu va mai spun cita bucurie a fost pe ea, cand a vazut privighetoarea cea cintatoare si jucausa!... Da vezi ca taica-sau n-avea inima sa se bucure impreuna cu dinsa, ci se puse pe plins, zicandu-i:
- Fetita mea draga, scump mi-a fost dat sa platesc pasarea asta micuta!... Ca s-o pot dobindi, i-am fagaduit unui leu salbatic c-o sa i te dau, si tare mi-e teama c-o sa te sfisie in bucati si-o sa te manince de vei ajunge in vizuina lui...
Ii povesti apoi de-a fir-a-par toata tarasenia si-o ruga cu lacrimi fierbinti sa nu se duca cumva in padure, intimpla-se orice s-ar intimpla.
Dar vezi ca fata nu putea sa-l lase pe taica-sau sa-si calce cuvintul! il mingiie, ca sa-i mai ogoiasca durerea, si-i zise:
- Draga tata, odata ce ti-ai dat cuvintul, trebuie sa ma dai leului!... Uite, o sa ma duc singura in padure si trag nadejdea c-o sa stiu cum sa-l imblinzesc! Asa ca nu-mi duce prea tare grija... O sa vezi matale de nu m-oi intoarce acasa nevatamata!...
A doua zi, fata il ruga pe taica-sau s-o indrepte pe drumul cel mai scurt, si-o porni fara frica spre padurea unde-si avea leul salasul.
Vezi insa ca leul asta nu era leu adevarat, ci un fecior de crai, care fusese vrajit sa se prefaca intr-o asemenea fiara. ...Si nu era el leu toata vremea. Ziua avea infatisare de leu ca si toti slujitorii lui, iar de cum venea noaptea isi rccapatau cu totii chipul lor omenesc. cand ajunse fata in gradina palatului, un ciopor de lei ii veni in preajma, primind-o cu prietenie, si-o dusera la stapinul lor. De indata ce se lasa noaptea, leul se facu iarasi om, si-n fata fetei statea acum un flacau chipes si frumos, nevoie mare. Si cum se placura dintru inceput, nu mai trecura zile multe si se praznui o nunta ca-n povesti. Si pot sa va spun ca asa fericiti traiau impreuna, ca toate vietatile codrului le jinduiau fericirea. Ziua, cei doi dormeau, iar noaptea erau treji, caci abia atunci isi traiau adevarata viata... Si-ntr-una din aceste nopti, feciorul de crai ii zise nevesti-si:
- Afla ca miine e-o mare petrecere in casa tatalui tau! Si stii care-i pricina? Se marita soru-ta a mare. Si de doresti sa iei si tu parte la praznic, du-te, ca eu te las cu draga inima! Leii mei te-or conduce pana acolo, si cand o fi sa te-ntorci, trimite-mi din vreme o veste, ca sa ti-i pot trimite iar.
Fata se gindi ce se gindi, dar pana la urma se hotari totusi sa plece acasa, ca o ardea dorul dupa taica-sau. Leii o insotira pe tot drumul si dupa aceea se inturnara la stapinul lor. Ei, ce sa va mai spun eu dumneavoastra, ca va-nchipuiti singuri!... cand a pasit fata pragul casei, parca ar fi coborit insusi soarele din inalt, asa li s-a parut tuturor... Si erau bucurosi la culme, ca pana atunci o crezusera moarta, sfisiata de leu... Fata le povesti cu sart totul, si-n cuvinte pline de incintare le arata cit de frumos era tinarul crai si cit de fericiti traiau impreuna.
A ramas fata acasa cit timp s-a tinut nunta, ca s-a-n-tins petrecerea pe vreo sapte zile incheiate, si dupa aia s-a reintors in padure, la sotul ei.
Cind urma sa se marite soru-sa a mijlocie, fata fu poftita iarasi la praznic. Si ea ii zise tinarului crai:
- De asta data nu ma mai trage inima sa merg singura, rogu-te sa ma insotesti!
Craiul n-ar fi avut nimic impotriva acestei dorinte, dar o lamuri ca l-ar paste o mare primejdie, de-ar pleca de-acasa. Ca de i-ar atinge la nunta raza pe care-o arunca o luminare aprinsa, pe loc s-ar preface intr-un porumbel. Si sapte ani incheiati i-ar fi dat sa zboare in lumea larga, cu ceilalti porumbei. Dar fata nu vru sa ia in seama ce-i spusese.
- Hai, vino cu mine, fara teama, se ruga ea de el, si am sa te pazesc, ca nici o raza de lumina n-o sa poata sa te atinga!...
Daca vazu si vazu craiul ca se inversuneaza atit in dorinta ei, ii facu pe voie si plecara impreuna. Si luara cu dinsii si coconul. cand ajunsera la casa parinteasca, fata puse de se zidi o odaie numai pentru folosinta craiului si porunci ca peretii sa fie atit de grosi, ineit sa nu patrunda prin ei nici o raza de lumina. Nu-i vorba, nu urma el sa stea toata vremea in incaperea aceea, dar in timpul nuntii, cand se vor aprinde luminarile, musai trebuia sa ramina acolo, ca sa nu ajunga vreo raza sa-l atinga. Dar vezi ca usa se intimpla sa fie facuta din lemn verde si, uscindu-se, crapa nitelus. Si, ca un facut, nimeni nu observa acest lucru.
Veni si ziua nuntii si se incinse un praznic, de-ai fi zis ca e-o nunta imparateasca. cand se intoarsera nuntasii acasa de la biserica, purtind faclii si luminari aprinse, si apucara sa treaca pe langa camera unde sedea craiul, o raza cit firul de par il atinse pe feciorul de imparat, si acesta se si prefacu intr-un porumbel. Nimeni nu putuse sa-si dea seama de ceea ce se intimplase, si cand nevasta-sa se duse sa-l caute, vazu in locul lui un porumbel alb. Si porumbelul ii zise:
- Sapte ani va trebui de-acu inainte sa zbor prin lume! Si la fiecare sapte pasi voi lasa sa cada cite o picatura de singe si cite un fulg alb. Semnele astea iti vor arata drumul, si de ma vei urma fara contenire, voi fi mintuit.
Nu-si termina bine vorbele porumbelul, ca si zbura pe usa afara, avintindu-se in vazduh. Si ea se lua dupa el, ca o umbra. La fiecare sapte pasi cadea cite o picatura de singe si cite un fulg alb, care-i aratau calea.
Alerga ea asa prin lumea cea mare, fara sa se uite in jurul ei, fara sa se hodineasca nicicum. Si-ntr-un sfir-sit se bucura in inima ei ca cei sapte ani erau pe termi- nate si ca se apropie ceasul cand sotiorul ei va fi min-tuit. Dar vezi ca acel ceas era inca departe...
Pasamite, intr-o amiaza, pe cand alerga fara istov dupa porumbel, nu mai vazu cazind picatura de singe si fulgul cel alb, iar cand ridica ochii spre vazduh, nu mai zari nici porumbelul.
Cum stia ca oamenilor nu le sta in putinta sa-i dea vreun ajutor, urca pe cararea stelelor, pana la soare, si cand ajunse la el, il intreba:
- Tu, soare, care luminezi toate culmile si toate vagaunile, au n-ai zarit cumva zburind un porumbel alb?...
- Nu, raspunse domnul cerului, n-am vazut zburind nici un porumbel. Da uite, pentru ca ai o inima cum nu au multi, iti daruiesc cutioara asta! Si s-o deschizi numai cand oi fi la grea strimtoare.
ii multumi ea soarelui pentru darul facut si merse si tot merse mai departe, pana ce se innopta si aparu luna pe cer. Si-o intreba si pe dinsa:
- Tu, luna, care toata noaptea luminezi peste cimpii si paduri, au n-ai zarit cumva zburind un porumbel alb?...
- Nu, raspunse luna, n-am vazut zburind nici un porumbel. Da uite, pentru ca ai o inima cum n-au multi, iti daruiesc oul asta. Si cand te-oi gasi la o mare ananghie, sa-l spargi si te-o ajuta.
Multumi ea lunii pentru darul facut si merse si tot merse mai departe, pana ce vintul noptii incepu sa sufle. Si-l intreba si pe el:
- Tu, vintule, care-ti porti suflarea peste toti copacii si peste toate frunzele, au n-ai zarit cumva zburind un porumbel alb?...
- Nu, raspunse vintul noptii, n-am vazut zburind nici un porumbel, da o sa-i intreb pe ceilalti frati ai mei de nu l-a zarit vreunul.
Intreba el vintul de rasarit si pe cel de apus, dar acestia-i raspunsera ca n-au vazut zburind nici un porumbei. Dar cand apuca sa-l intrebe si pe cel de miazazi, numai ce-i zise acesta:
- Ba, cum sa nu, l-am vazut zburind peste Marea Rosie! Da acum s-a prefacut iar in leu, c-au trecut cei sapte ani, si e inclestat in lupta c-un balaur... Si-balaurul asta e o fata de imparat, pe care-a blestemat-o o iazma rea sa se preschimbe intr-o asemenea spurcata dihanie!
Vintul noptii asculta cu luare-aminte la cele spuse de frate-sau si-i grai craiesei:
- Acu , c-ai aflat unde e, asculta de sfatul meu: du-te cit mai degraba la Marea Rosie! Pe malul drept al marii asteia ai sa dai peste niste nuiele mari. Cata de numara-le, de cum le-oi vedea, iar pe-a unsprezecea tai-o si ia-o cu tine. Cu ea loveste o data balaurul si-ai sa vezi ca leul o sa-i poata veni atunci de hac. Da nici de balaur n-o sa fie rau, nu duce grija, ci amindoi vor fi mintuiti si-si vor recapata infatisarea omeneasca. Dupa ce-ai sa faci trebusoara asta, uita-te cu luare-aminte in jurul tau si-ai s-o zaresti, de buna seama, pe pasarea de-i spune Grif1, care-si are salasul pe-acolo. Urca-te cu sotiorul tau pe spinarea pasarii si ea o sa tot zboare peste mare si-o sa va duca acasa. Si mai ia si nuca asta! cand oti fi cam pe la jumatatea drumului, da-i drumul in mare, ca va fi spre binele vostru! Si pe loc o sa rasara din valuri cu coscogeamite nuc, si pe ramurile lui o sa se lase pasarea Grif, sa se hodineasca de zborul cel lung. Ca fara de ast popas, n-ar avea destula putere sa va duca peste mare. Iar de vei uita sa arunci nuca in apa, pasarea se va descotorosi de amindoi si-o sa va lase sa cadeti in mare.
Craiasa o porni spre Marea Rosie si, de cum ajunse acolo, gasi toate asa cum ii spusese vintul noptii. Numara nuielele de pe malul marii, o taie pe cea de-a un- sprezecea si odata izbi cu nuiaua balaurul. Si sa vezi minune: de unde pana atunci leul parea sleit, pe loc i se inzecira puterile de-l putu birui pe balaur. Si chiar in aceeasi clipa, amindoi isi recapatara infatisarea omeneasca...
Vazindu-se scapata de sub puterea blestemului, fata de imparat, care fusese balaur pana atunci, il lua de brat pe tinarul crai si amindoi se urcara pe spinarea pasarii Grif. Iar pasarea, de cum ii vazu la ea in circa, isi lua zborul...
Biata fata, care batuse lumea in lung si-n lat dupa sotiorul ei, ramasese acum singura, parasita. Si fiind-ca-i era sufletul plin de amar, se lasa jos, pe pamint, si-ncepu a plinge. Dar in cele din urma gasi destula putere in inima ei ca sa biruie tristetea si, imbarbatin-du-se, isi zise:
De-o trebui, pana la capatul lumii oi merge, ca sa-mi aflu sotiorul, pana unde bat vinturile, si chiar si mai departe, ca, atita timp cit s-o mai auzi cucurigul cocosului, trag nadejdea c-o sa-l regasesc."
Si-a mers ea, a mers, strabatind drumuri nesfirsite, pana ce s-a nimerit sa ajunga la palatul unde traiau tanarul crai si domnita care fusese vrajita. Acolo afla ca cei doi logodnici tocmai se pregateau sa-si serbeze nunta printr-un mare praznic. Atunci nu mai pregeta si deschise cutioara pe care i-o daruise soarele. Si ce sa vezi: inauntru gasi o minunatie de rochie, stralucitoare cum e soarele!... O scoase binisor din cutie, si-o puse pe ea si intra in palat.
Ce sa va mai spun eu dumneavoastra! Doar atit, ca cine-o vazu imbracata cu ea nu mai putu sa-si ia ochii de la rochia aceea fara seaman pe lume... Da parca logodnica craiului nu ramase ca fermecata la vederea ei? Ba bine ca nu! Atit de mult ii placuse, incit dori s-o aiba ca rochie de mireasa, si-o intreba pe femeia aceea straina de nu vrea cumva s-o vinda.
- Ba, cum sa nu! Da-i vorba ca n-o dau pe bani sau pe vreo alta avutie, ci pe carne si singe.
Cum nu se dumerea defel ce inteles or fi avind vorbele astea, logodnica ii ceru sa o desluseasca mai bine. Si craiasa o lamuri pe data:
- Vorbele mele au intelesul c-as dori sa ramin o noapte in iatacul in care doarme mirele!
La-nceput, logodnica nici nu vru sa auda de asa ceva, dar, cum era stapinita de dorinta de-a avea rochia, n-avu incotro si trebui sa se-nvoiasca. Dar ca sa fie sigura ca n-o sa se poata intimpla nimic rau, ii porunci feciorului de casa sa pregateasca o bautura adormitoare si sa i-o dea mirelui sa bea mai inainte de a se culca. cand se facu noapte si feciorul de casa se incredinta ca stapinul lui, craiul, dormea dus, o lasa pe craiasa sa intre in iatac.
Biata femeie se aseza langa patul sotiorului ei si-ncepu a-i ziee:
- Sapte ani te-am urmat ca umbra, clipa de clipa si ceas de ceas, si-am urcat pana la soare, si pana la luna, si pana la cele patru vinturi, ca sa-i intreb unde-i fi si sa-ti dau de urma; ti-am stat intr-ajutor, ca sa poti birui balaurul, da la ce folos au fost toate, daca tu vrei sa ma dai azi uitarii?!...
Vezi insa ca licoarea aceea il cufundase intr-un somn atit de adinc, ca nu deslusi nici o vorba de-a craiesei, ci i se paru numai ca suiera vintul afara, printre brazi. Dimineata, feciorul de casa veni s-o ia.din iatac, si craiasa trebui sa-i dea logodnicei rochia cea frumoasa. Se intrista ea foarte ca nu reusise sa-i spuna craiului ce-avea pe suflet, si-o porni pe cimp, intr-aiurea. La un moment dat, obosi de atita umblet, se aseza jos si-ncepu a plinge cu lacrimi amare. Si cum plingea ea asa, deodata isi aminti de oul pe care i-l daruise luna. Il sparse, si sa vezi minune: numai ce iesi dintr-insul o closca cu doisprezece puisori... Si closca si puii erau cu totul si cu totul de aur! Puisorii incepura sa alerge, sa ciuguleasca, sa piuie subtirel, si dupa aia se bagara iar sub aripile clostei. Si zau ca nimic nu-mi pare sa fi fost pe lume mai frumos si sa bucure sufletul mai mult, decat ceea ce-i fu dat craiesei sa vada acum!...
Se scula ea de jos, parca mai inviorata, si mina pe cimpie closca cu cei doisprezece pui de aur, pana ce ajunse cu ei sub fereastra logodnicei. Si atit de mult ii placura domnitei puisorii, incit cobori in graba in gradina si-o-ntreba pe craiasa de nu-s de vinzare.
- Ba-s de vinzare!... grai ea. Da-i vorba ca nu-i dau pe bani sau pe vreo alta avutie, ci pe carne si singe. Mai lasa-ma sa ramin o noapte in iatacul in care doarme mirele, si-ai tai or sa fie!...
Logodnica incuviinta, ca n-avea ce alta face, dar vru s-o insele din nou pe craiasa, prin aceleasi tertipuri pe care le folosise c-o noapte inainte. Da vezi ca de asta data nu-i reusi siretlicul!...
Si nu-i reusi, pentru ca, inainte de-a se culca, tina-rul crai il ruga pe feciorul de casa sa-l desluseasca de nu auzise si el, in noaptea trecuta, un murmur si-un fosnet, care parca veneau de afara...
Atunci slujitorul isi lua inima-n dinti si-i destainui totul: cum i-a dat o bautura adormitoare si cum o fata sarmana a dormit in taina in iatacul lui. Si i-a mai spus ca si-n noaptea asta trebuia sa-i dea o bautura, care sa-l adoarma bustean. Se minuna craiul de ce auzise si, la urma, ii porunci slujitorului:
- Ia de varsa bautura, colo, langa pat! Si-om vedea noi ce-o mai fi...
Cind se lasa noaptea, feciorul de casa iar o aduse in iatac pe craiasa. Iar ea, sarmana, incepu din nou sa-i insire craiului amarul vietii ei... Vezi insa ca tinarul crai recunoscu de indata al cui era glasul. Si cum sa nu-l fi recunoscut, ca doar era al sotioarei lui mult iubite!...
Si atit de mare ii fu bucuria, ca nu se mai putu stapini si sari din pat, de parca l-ar fi impins cineva de la spate.
Apoi ii grai:
- Abia din clipa asta sunt mintuit! pana acu , pot zice c-am trait intr-un vis, pentru ca straina asta ma vrajise sa nu mai stiu de tine, sa te uit!...
Se gindira ei sa paraseasca in mare graba palatul asta blestemat, dar cum tatal logodnicei era vrajitor, se temura sa plece pe fata, ca sa nu abata asupra lor vreo urgie. Si strecurindu-se prin intunericul noptii, ajunsera pana la locul unde-si avea cuibul pasarea Grif. I se urcara pe spinare si pasarea se avinta cu ei in zbor. Zbura ea ce zbura si, pasamite, iar ajunse la Marea Rosie. cand fu sa treaca de mijlocul ei, fata isi aduse aminte de povata pe care i-o daduse vintul noptii, si lasa sa cada nuca. Cazu ea in valuri si numai ce se ridica dintre coamele inspumate un coscogeamite nuc, ca atingea cerul cu crestetul... Pasarea Grif se lasa din zbor pe una din ramurile nucuku si se hodini strasnic. Si cand se simti iar in puteri, se avinta din nou in vazduh, si-i duse acasa, mai repede decat gindul... Ei, si acasa pe cine credeti ca-l gasira? Chiar pe coconul lor, care-n ast timp se facuse o mindrete de flacau de ziceai ca-i picat din soare. Si de atunci nimeni nu le-a mai casunat nici un rau, si-au trait tustrei fericiti pana la sfirsitul vietii lor.




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