ESPAÑOL

La lechuga prodigiosa

ROMÂNĂ

Varza fermecata


Érase una vez un cazador que se fue al bosque para dirigirse a su paranza. Marchaba con el corazón alegre y lozano, y avanzaba silbando canciones cuando se le apareció una fea viejecita, que le dijo:
- Buenos días, querido cazador. Tú pareces alegre y satisfecho, y yo, en cambio, sufro hambre y sed. Dame una limosnita.
Compadecióse el cazador de la pobre abuela, metió mano en el bolsillo y le dio lo que le permitían sus medios. Al disponerse a seguir su camino, detúvolo la vieja, diciéndole:
- Atiende, cazador, a lo que voy a decirte. En vista de tu buen corazón, quiero hacerte un regalo. Sigue adelante, y dentro de un rato llegarás a un árbol, en cuya copa hay nueve pájaros, que sostienen y zarandean un manto con las garras. Apúntales con la escopeta y dispara. Soltarán el manto, y, además, caerá muerto uno de ellos. Llévate el manto, que está encantado. En cuanto te lo cuelgues de los hombros, no tienes más que pedir que te transporte al lugar que desees, y estarás en él en un abrir y cerrar de ojos. Al pájaro muerto le sacas el corazón y te lo tragas, y desde entonces, cada mañana, al levantarte, encontrarás una moneda de oro debajo de la almohada.
El cazador dio las gracias a la vieja, pensando: "Bonitas cosas me ha prometido. ¡Con tal que sean verdad!." Pero he aquí que apenas había avanzado un centenar de pasos, oyó sobre su cabeza un griterío y un piar de pájaros entre las ramas, tan fuerte, que le hizo levantar la cabeza. Y entonces vio una bandada de aves que la emprendían a picotazos y con las garras contra una tela, peleándose como si se disputasen su posesión.
- ¡Es extraño! - exclamó el cazador -. Exactamente como me dijo la viejecita -. Se descolgó la escopeta y disparó en medio del grupo, produciéndose un gran revuelo de plumas. Los animales emprendieron el vuelo con gran griterío, menos uno, que cayó muerto, y, con él, se desprendió el manto. El cazador hizo entonces lo que le indicara la vieja. Abrió el ave, sacóle el corazón y se lo tragó. Y llevóse también el manto.
A la mañana siguiente, al despertarse, acordándose de la promesa quiso comprobar su veracidad. Y he aquí que, al levantar la almohada, allí estaba, reluciente, la moneda de oro. Y, así, cada mañana encontró una al levantarse. Recogió, pues, un buen montón de dinero, y, al fin, se preguntó: "¿De qué me servirá todo este oro, si me quedo en casa? Me marcharé a correr mundo."
Despidióse de sus padres, se colgó del hombro el morral y la escopeta y se puso en camino. Un día, atravesando un espeso bosque, vio alzarse, en la llanura que seguía al bosque, un majestuoso palacio. En una de las ventanas había una vieja y una hermosísima doncella, que miraba abajo. La vieja era una hechicera y dijo a la muchacha:
- Ahí sale del bosque un individuo que lleva en el cuerpo un maravilloso tesoro. Tenemos que quitárselo, hijita. Mejor estará en nuestro poder que en el suyo. Se ha tragado el corazón de un pájaro, gracias al cual todas las mañanas encuentra una moneda de oro bajo la almohada.
Instruyóla seguidamente acerca de cómo debía proceder y, en tono de amenaza y con mirada de enojo, le dijo:
- ¡Si no me obedeces, te va a pesar!
Al acercarse el cazador y ver a la doncella, dijo para sí: "He caminado mucho; lo mejor será descansar en este magnífico palacio. Dinero no me falta." Pero el verdadero motivo de su resolución era que se sentía atraído por aquella bellísima muchacha.
Llamó a la puerta, y fue recibido amablemente y atendido con toda cortesía. Al cabo de poco estaba tan perdidamente enamorado de la muchacha que no podía pensar sino en ella, ni ver sino por sus ojos; y, así, hacía cuanto ella le exigía. Dijo entonces la vieja:
- Es el momento de apoderarse del corazón del pájaro. Él no se dará cuenta de que ya no lo tiene.
Preparó un brebaje y, una vez estuvo listo, lo vertió en una copa y lo entregó a la muchacha para que lo hiciese beber al cazador. Díjole la doncella:
- ¡Anda, querido, brinda por mí!
Levantó él la copa, y, tan pronto como hubo bebido, el corazón del ave saltó fuera de su cuerpo.
La muchacha hubo de llevárselo en secreto y tragárselo a su vez, pues la vieja así lo quiso. A partir de entonces, él ya no encontró más dinero bajo la almohada. En cambio, aparecía debajo de la de ella, y la vieja lo recogía cada mañana. Pero el mozo seguía tan enamorado y ciego, que sólo pensaba en estar al lado de la muchacha.
Dijo luego la bruja:
- Ahora ya tenemos el corazón del pájaro; pero hemos de quitarle el manto prodigioso.
Contestó la doncella:
- No está bien. Basta con que haya perdido su riqueza.
Pero la vieja dijo, muy enojada:
- Un manto así es algo milagroso que raramente se encuentra en el mundo. Lo quiero para mí, y no hay más que hablar.
Y dio sus instrucciones a la muchacha, amenazándole con que, si no le obedecía, lo pasaría mal. La doncella no tuvo más remedio que someterse a los mandatos de la bruja, y, asomándose a la ventana, púsose a contemplar el vasto panorama con semblante triste.
Preguntóle el cazador:
- ¿Por qué estás tan afligida?
- ¡Ay, tesoro mío! - respondió ella -. Allá enfrente está la montaña de los granates, llena de las más ricas piedras preciosas, pero, ¡cualquiera las alcanza! Sólo las aves voladoras pueden llegar allí, pero no los hombres.
- Si no tienes más pena que ésa - dijo el cazador -, pronto te la quitaré del corazón.
Y, cogiéndola bajo su manto, pidió ser trasladado a la montaña de los granates. En un instante se encontraron en ella. Brillaban las preciosas piedras por doquier, y era una gloria contemplarlas. Recogieron las más hermosas y refulgentes. Pero la vieja, con sus artes diabólicas, había hecho que el cazador sintiera una gran pesadez en los ojos, por lo cual dijo a la muchacha:
- Sentémonos un poco a descansar. Estoy tan rendido, que apenas si las piernas me sostienen.
Sentáronse, apoyó él la cabeza en el regazo de la doncella y muy pronto se quedó dormido. Quitóle entonces ella el manto de los hombros, se lo puso sobre los propios, y, recogiendo todas las piedras preciosas, pidió ser transportada a su casa.
Al despertarse el cazador, vio que su amada lo había engañado, abandonándolo en aquella salvaje montaña.
- ¡Ay! - exclamó -, ¡cuánta falsía hay en el mundo! - y sumido en inquietud y tristeza, empezó a considerar su difícil situación. La montaña pertenecía a unos gigantes, salvajes y monstruosos, que vivían en ella haciendo de las suyas, y no había transcurrido mucho tiempo cuando vio que se le acercaban tres hombrotes de aquéllos. Tumbóse en el suelo, fingiendo dormir profundamente.
Al llegar los gigantes, diole el primero con el pie diciendo:
- ¿Qué bicho es éste que yace aquí?
Dijo el segundo:
- Aplástalo con el pie.
Intervino el tercero, despectivo:
- ¡No vale la pena! Dejadlo que viva. Aquí no puede seguir, y si sube hasta la cumbre, se lo llevarán las nubes.
Y, dicho esto, prosiguieron su camino. Pero el cazador había oído sus palabras y, no bien se hubieron alejado, levantóse y trepó hasta la cima. Poco después de estar sentado en ella pasó flotando una nube y, cogiéndolo en su seno, después de transportarlo por los aires, lo dejó caer sobre un gran huerto rodeado de murallas, y el mozo se encontró en el suelo, sin sufrir daño, entre coles y otras hortalizas.
- Si al menos tuviese algo de comer. Estoy hambriento, y esto se pondrá cada vez peor. Pero aquí no hay ni una triste pera, ni manzana, ni fruta de ninguna clase. Todo son coles.
Al fin, pensó: "En último extremo, puedo comer lechuga. No es muy apetitosa, pero siempre me refrescará algo." Buscó una buena lechuga y empezó a comerse las hojas blancas. Apenas había engullido un par de bocados experimentó una sensación rarísima, como si cambiara de cuerpo. Creciéronle cuatro patas, una gran cabezota y dos largas orejas, y vio, con espanto, que se había transformado en asno. Pero como, a pesar de ello, el hambre arreciaba, y la jugosa ensalada se avenía con su nueva naturaleza, siguió comiendo con avidez. Llegó, finalmente, a otra variedad de lechuga, y no bien la hubo probado se produjo en él una nueva transformación y recobró su primitiva forma humana.
Tumbóse entonces en el suelo y se durmió, pues estaba cansado. Al despertarse, a la mañana siguiente, arrancó una cabeza de la lechuga perniciosa y otra de la buena, pensando: "Me ayudará a llegar junto a los míos y a castigar la deslealtad." Guardóse las hortalizas, saltó el muro del huerto y se encaminó hacia el palacio de su amada. A los dos o tres días de marcha llegó a él. Después de ennegrecerse el rostro de modo que ni su propia madre lo hubiera reconocido, entró en el edificio y pidió albergue:
- Estoy cansadísimo - dijo -. Hoy no puedo dar ni un paso más.
Preguntóle la bruja:
- ¿Quién sois y en qué os ocupáis?
- Soy mensajero del Rey - respondió él -, el cual me envió en busca de la lechuga más sabrosa que crece bajo el sol. Tuve la fortuna de encontrarla y la llevo conmigo; pero el sol es tan ardoroso que la planta está a punto de marchitarse, y no sé si podré llegar con ella hasta palacio.
Al oír la vieja lo de la preciosa ensalada, entráronle ganas de comerla y dijo:
- Buen campesino, dejadme probar esa lechuga maravillosa. - ¿Por qué no? - respondió él. Traigo dos. Os daré una - y, abriendo su morral, sacó la mala y se la entregó. La bruja no sospechó nada, y como la boca se le hiciera agua con el afán de comerse aquel nuevo manjar, fuese directamente a la cocina a prepararlo. Cuando ya lo tuvo a punto, no pudiendo esperar la hora de la comida, cogió unas hojas y se las metió en la boca. Apenas las hubo tragado perdió su figura humana y, transformada en burra, echó a correr al patio. En éstas entró la criada en la cocina, y al ver la ensalada aliñada y a punto de servir, cediendo a su antigua costumbre de probar todos los platos, comióse también unas hojas mientras la llevaba a la mesa. Inmediatamente actuó la virtud milagrosa de la verdura. La moza se transformó, a su vez, en borrica y corrió a reunirse con la vieja, tirando al suelo la fuente que contenía la lechuga.
Mientras tanto, el supuesto mensajero permanecía junto a la bella muchacha, la cual, viendo que no llegaba la ensalada y sintiendo unos deseos irresistibles de probarla, dijo:
- ¡No sé qué pasa con esta lechuga!
Y el cazador, pensando: "Seguramente ha hecho ya su efecto," le dijo:
- Voy a la cocina a informarme.
Al llegar abajo vio las dos borricas que corrían por el patio, y la ensalada, en el suelo. "Muy bien - se dijo -; esas dos ya tienen lo suyo." Recogió el resto de la lechuga, la puso en la fuente y fue a servirla a la muchacha.
- Yo mismo te traigo este delicioso manjar - le dijo -, para que no tengas que esperarte.
Comió ella entonces, y al momento, igual que las otras, perdiendo la figura humana, corrió al patio transformada en burra.
El cazador, después de lavarse el rostro para que las transformadas mujeres pudieran reconocerlo, bajó al patio y les dijo:
- Ahora recibiréis el premio que se merece vuestra perfidia -, y ató a las tres de una soga y se las llevó a un molino.
Llamó a una ventana, y el molinero se asomó para preguntarle qué deseaba.
- Llevo aquí tres bestias muy reacias - dijo él -. No puedo seguir guardándolas. Si queréis cuidar de ellas y tratarlas como yo os diga, os pagaré lo que me pidáis.
- ¿Por qué no? - respondióle el molinero -. Pero, ¿cómo debo tratarlas?
Díjole entonces el cazador que a la burra vieja - que era la bruja - le diese una vez de comer y tres palos cada día; a la mediana, la criada, tres veces de comer y una de palos, y a la menor, la doncella, tres veces de comer y ninguna de palos, pues no tuvo valor para hacer que maltratasen a la muchacha. Luego regresó al palacio, donde encontró cuanto necesitaba.
A los pocos días presentóse el molinero para comunicarle que la burra vieja, que no había recibido más que palos y sólo un pienso al día, había muerto. - Las otras dos - prosiguió el hombre - viven y reciben tres piensos diarios; mas parecen tan tristes, que no creo duren mucho tiempo.
Compadecióse el cazador y, sintiendo que se le había pasado el enojo, dijo al molinero que las devolviese. Cuando llegaron, les dio de comer lechuga de la buena, y en el acto recuperaron su forma humana. La hermosa muchacha se hincó de rodillas ante él y le dijo:
- ¡Ay, amadísimo mío, perdóname el mal que te hice, obligada por mi madre! Fue contra mi voluntad, pues te quiero de todo corazón. Tu manto prodigioso está colgado en un armario, y, en cuanto al corazón de pájaro, voy a tomarme enseguida un vomitivo.
Pero él le contestó:
- Guárdalo, pues lo mismo da que lo posea uno que otro, ya que pienso tomarte por esposa.
Y celebróse la boda, y vivieron felices hasta la hora de su muerte.
A fost odata ca niciodata un tinar vinator, si vinatorul asta se duse intr-o buna zi in padure dupa vinat. Si era vesel si voios in inima lui si cum mergea el asa, cintind din frunza, numai ce intilni o matusica batrina si urita, care ii spuse:
- Buna ziua, vinatorule draga, pesemne ca-ti merge de minune, ca te vad vesel si bine dispus, dar eu rabd de foame si de sete si n-am pe nimeni sa ma ajute... Fa-ti pomana c-un banut, si nu te-oi uita niciodata!...
Vinatorului i se facu mila de sarmana batrinica si baga mina in buzunar de-i dete citeva parale, dupa cum il lasa punga. Voi apoi sa plece mai departe, dar matusica aceea il opri si-i spuse:
- Draga vinatorule, pentru inima ta buna si milostiva, vreau sa-ti daruiesc si eu ceva, da asculta aici la mine: ai sa mergi ce-o sa mergi, si-n drumul tau ai sa dai de-un pom. Si-n pomul asta or sa stea noua pasarele, care or sa tina in gheara o mantie. Si toate noua s-or bate intre ele pentru mantia asta, fiecare vrind s-o apuce pentru sine... Si de cum le-oi vedea, pune pusca la ochi si trage drept.In mijlocul lor. Si de vei face asa, de buna seama ca n-o sa le mai arda sa stea la gilceava si-or sa dea drumul mantiei. Vezi insa ca si una din pasari va fi atinsa de gloante si va cadea moarta la pamint... Mantia s-o iei cu tine, ca e o mantie fermecata si are un dar minunat: de ti-o pui pe umeri, n-ai decat sa doresti sa fii intr-un loc si intr-o clipa esti acolo... Da vezi sa nu uiti nici pasarea... Scoate-i inima si ai grija de maninc-o intreaga! Si de vei face asa, in fiecare dimineata, cand te-i scula, vei gasi sub perna un ban de aur.
Vanatorul ii multumi din suflet femeii si incepu a se gindi in sinea lui: "Frumoase lucruri mi-a fagaduit, n-am ce zice, barem de s-ar implini toate!..."
Si, ce crezi, mai merse el cam vreo suta de pasi, si numai ce auzi deasupra capului zvon de pasari care se ciondaneau! Trase el cu urechea la ciripitul acela ascutit si odata cata in sus, sa vada despre ce-i vorba. Si vazu o gramada de pasarele care tot trageau cu ciocurile si cu ghearele de~o mantie. Si tipau una la alta si se cio-rovaiau, furioase, de parca fiecare ar fi vrut s-o aiba numai ea.

Ian te uita, facu vinatorul mai mult pentru sine, pai se potriveste tocmai cu ce mi-a spus batrinica!...
Si nu-si termina bine vorbele, ca si lua pusca din spinare. Apoi o puse la ochi si tinti drept in mijlocul pasarelelor, de zburara fulgii in toate partile... Intr-o clipa se imprastiara toate, tipind grozav, dar vezi ca una din ele cazu moarta la pamint... Si-n acelasi timp cazu si mantia...
Vinatorul facu intocmai cum il invatase batrinica: taie pasarea si dupa ce-i scoase inima, o inghiti. Apoi pleca inspre casa luind cu sine mantia.
In dimineata urmatoare, cand se trezi, ii veni in minte fagaduiala femeii si vru sa vada de nu-s numai vorbe, dar cum ridica perna, si vazu stralucind un ban de aur. A doua zi, dimineata, afla iar unul sub perna, si tot asa, in fiece dimineata, de cite ori se trezea. Isi strinse omul o gramada de aur, dar vezi ca aurul nu-i aducea multumirea si-n cele din urma incepu el a se gindi: "La ce bun tot aurul de l-am strins, daca stau acasa, intre patru pereti?!... O sa plec sa cutreier lumea, sa aflu si eu cite se mai petrec pe pamintul asta!..."

Isi lua ramas bun de la parinti si, punindu-si ranita si pusca la spinare, pleca in lume. Si intr-o buna zi se intimpla sa treaca printr-o padure deasa. Si cand se sfirsi padurea, numai ce vazu inaintea lui o cimpie si pe cim-pia aceea inaltindu-se un castel maret. La una din ferestre stateau o batrina si o fata minunat de frumoasa, si priveau in jos.
Acu , trebuie sa va arat ca batrina era o vrajitoare afurisita. Si-i spuse fetei vrajitoarea aceea:
- Ian te uita la omul de vine din padure! Asta are in trupul lui o comoara minunata si trebuie sa-l vrajim, ca s-o dobindim noi. Si stii ce anume are? O inima de pasare! Si multumita ei, in fiecare dimineata gaseste sub perna un ban de aur. Ei, ce zici, fetita mea iubita, nu ne-ar sta noua mai bine s-o avem, decat lui?...
Apoi cotoroanta prinse a-i povesti cum s-a intimplat toata tarasenia si-o mai invata cum trebuia sa se prefaca pentru a-l prinde in mreje pe flacau. La urma n-o mai lua insa cu binele, ci o ameninta si se rasti la ea, privind-o cu niste ochi rai si incarcati de furie:
- Iar de n-o sa vrei sa ma asculti, o sa fii nefericita!... De cum se apropie de castel, vinatorul o si zari pe
fata la fereastra si-si spuse in sine: "Cred ca se cade sa ma hodinesc si eu putin, ca doar ratacesc de atita vreme. Si gindesc sa ramin la castelul asta frumos, ca bani am destui in punga ca sa le rasplatesc pe gazde imparateste!..." Dar pricina adevarata nu era asta, ci-mi pare mie ca chipul cel dragalas al fetei... Ca de cand o zarise, ii ramasese inima la ea. Intra flacaul in casa si, de cum pasi pragul, fu primit cu multa prietenie si ospatat dupa cum cerea cuviinta. Nu trecu mult si prinse a o indragi asa de tare pe fata vrajitoarei, ca nu se mai gindea decat la ea. Si i se uita intruna in ochi, sorbind-o cu privirea.
Si tot ce-i cerea fata, facea cu draga inima, de imi vine sa si cred ca ar fi sarit chiar si in foc pentru ea... Daca vazu baba cit e de prins flacaul, numai ce-i spuse fetei:
- Ei, a venit timpul sa punem mina pe inima de pasare! Nu te teme, c-o sa solomonesc in asa fel ca nici sa nu simta ca-i lipseste...
Baba pregati o bautura si, dupa ce-o fierse si-o ras-fierse intr-un ceaun, o puse intr-un pahar. Iar paharul i-l intinse fetei, ca sa i-l dea vinatorului. Si-i spuse fata vinatorului:
- ...Si-acu , dragul meu, bea in sanatatea mea! Vinatorul se grabi sa bea si, de cum inghiti bautura,
si dadu afara inima pasaruicii. Dar vezi ca fata se tot invirtea pe langa el si i-o lua pe furis. Si trebui s-o inghita, ca asa ii poruncise vrajitoarea!...
Si din ziua aceea, vinatorul nu mai gasi sub perna cite un ban de aur. In schimb, il gasea fata, in fiecare dimineata cand se trezea. Dar ti-ai gasit ca baba sa i-l fi lasat fetei! inca din revarsatul zorilor i-l lua de sub perna. Vezi insa ca vinatorului putin ii pasa ca pierduse o asemenea avutie. Ca acum alta era avutia lui... Si era atit de indragostit de fata, ca nu se mai misca de acasa si nu mai facea nimic altceva decat sa stea tot timpul in preajma ei...
Daca vazu batrina vrajitoare cit e de imbrobodit, prinse iarasi a spune:
- Inima pasaruicii o avem, da acum trebuie sa-i luam si mantia fermecata!
Vezi insa ca fata gindea altfel si-i raspunse maica-si:
- Ba, sa i-o lasam, ca averea tot a pierdut-o! Afurisita de baba se minic foc la auzul astor cuvinte,
si-i spuse:
- O astfel de mantie nu-i un lucru obisnuit. Ehe, arareori se gaseste pe lume o mantie care sa aiba un asemenea dar!... Vreau s-o am si am s-o am! Ca doar n-o sa tin eu seama de vorbele tale nesabuite!...
Apoi o invata pe fata ce sa faca si-i atrase luarea-aminte ca de nu-si baga mintile in cap s-o asculte, o s-o pateasca rau de tot. Si biata fata trebui sa faca tot ce-o invatase maica-sa. Se aseza la fereastra si prinse a se uita in departare, de parca ar fi fost tare mihnita. Vinatorul, care n-avea ochi decat pentru dinsa, se temu ca i s-a intimplat ceva si indata o intreba:
- Da de ce stai atit de trista?!...
- Vai, dragul meu, ii raspunse ea, imi atintesc privirea spre muntele de-i peste drum de noi. Pe muntele asta cresc cele mai frumoase rubine. Si atit de mult jinduiesc dupa pietrele astea pretioase, ca-mi sta gindul numai la ele si de-aia sunt foarte trista. Da cine oare ar putea sa mi le aduca?!... Ca doar pasarile, in zbor, pot ajunge pana acolo... Iar vreo fiinta omeneasca niciodata!
- Daca asta ti-e singurul necaz, dadu s-o linisteasca vinatorul, apoi afla ca-mi sta in putinta sa ti-l curm in curind!
Si zicand aceasta, o lua sub mantia lui si isi dori sa fie pe muntele de rubine. Cit ai clipi, se si aflau amin-doi acolo. Unde-ti aruncai privirea, straluceau numai nestemate, ca simteai o placere si-o incintare sa te tot uiti la ele... Si, fara sa se grabeasca, au cules cele mai frumoase si mai pretioase rubine. Dar in ast timp vrajitoarea nu statea cu miinile-n sin... Si, prin vraji de tot felul, reusi ca vinatorul sa-si simta pleoapele grele... Si cum somnul ii tot dadea tircoale, flacaul ii spuse fetei:
- Ia hai sa mai stam oleaca si jos, sa ne hodinim putin, ca ma simt atit de ostenit ca abia ma pot tine pe picioare!
Apoi se asezara jos si flacaul puse capul in poala ei, si adormi.
in timp ce dormea, toropit de somn, fata dezlega mantia de pe umerii flacaului si si-o puse pe umerii ei. Dupa asta se grabi sa stringa rubinele si celelalte nestemate si isi dori sa fie acasa.
Cind vinatorul isi sfirsi somnul si se trezi, isi dadu seama ca draga lui l-a inselat si ca l-a lasat singur pe muntele de rubine, unde nu era in stare sa calce picior omenesc.
- Vai, incepu a se vaicari el, cit de mare e necredinta pe lumea asta!...
Si ramase pe loc, cu inima incrincenata de durere, ca nu-i dadea in gind ce sa faca pentru a iesi din impasul in care se gasea.
Muntele era al unor uriasi salbatici, care-si aveau salasul acolo si se indeletniceau cu tot soiul de faradelegi. Nu dura mult si, cum statea el asa, privind in zare, numai ce zari pe trei dintre uriasii aceia indreptindu-se catre el. Atunci se intinse cit era de lung, prefacindu-se ca doarme adinc. Uriasii se apropiara de flacau si, cand fura foarte aproape de el, primul dintre ei il impinse cu piciorul, spunind:
- Ia te uita, ce vierme o mai fi si asta?!...
- Ce mai stai: striveste-l cu piciorul! il indemna cel de-al doilea.
Dar cel de-al treilea grai cu dispret:
- Lasati-l in pace, ca nu merita osteneala!... Multa vreme n-o sa mai poata ramine aici, iar de s-o incumeta sa urce muntele pana-n virf, or sa-l inhate norii si l-or duce cu ei.
Si tot sporovaind asa, trecura de el si mersera mai departe, pana ce se pierdura dupa o movila. Vezi insa ca vinatorul luase seama la cuvintele lor, si cum ii vazu plecati, se scula in capul oaselor si-o porni la drum. Si, tiris-grapis, urca pana-n virful muntelui. Dar acolo nu-i fu dat sa ramina multa vreme, ca indata veni un nor si-l inhata. Il duse cu el norul, si un timp il purta pe intinsul cerului. Dar mai apoi cobori jos de tot, deasupra unei gradini mari, inconjurata de ziduri groase.
Si era gradina asta plina de zarzavaturi de tot soiul.
Si asa se facu ca norul il lasa pe flacau din circa, de ajunse, incetisor, pe pamint, printre straturi de varza si alte legume...
Vinatorul cata cu luare-aminte imprejur si-si spuse in sinea lui: "Macar de-as gasi ceva demancare pe-aici! Ca sunt atit de flamind, ca nu mai pot!... Si de mi-o ramine iar burta goala, nu stiu, zau, cum oi pleca mai departe.. Da unde sa gasesc demancare, ca nu vad nici un mar, nici o para, nici un fruct, ci doar ierburi..."
Intr-un sfirsit, cum statea el asa, plin de deznadejde, si nu stia ce sa faca, prinse iar sa se gindeasca:
"Da la urma urmei, de nevoie, o sa-mi mint burta cu niste varza! Nu e ea prea gustoasa, da sa-mi vin nitelus in putere, tot o sa ma faca!..."
Si cum gindi, asa si facu. Alese o capatina frumoasa si indesata, si prinse a se infrupta din ea. Dar abia inghiti citeva imbucaturi, ca se si simti cuprins de-un simtamint ciudat, de parca ar fi fost schimbat cu totul. Si pe data se vazu - dar cu ce groaza!... - cu patru picioare, c-un cap mare si lunguiet, si cu doua urechi lungi-lungi... Pasamite, se prefacuse intr-un magar!... Dar cum foamea nu i se potolise, si cum sub noua lui infatisare varza ii placea indeajuns de mult, incepu sa dea iama prin tot stratul, mincind cu mare pofta.
intr-un sfirsit, nimeri la alt strat, dar vezi ca varza asta parea sa fie de alt soi. Si nu se dadu in laturi sa guste si din ea. Dar de-abia inghitise citeva frunze, ca simti din nou o schimbare si-si recapata infatisarea omeneasca.
Apoi vinatorul se culca si adormi zdravan. In dimineata urmatoare se trezi inviorat, de parca nici n-ar fi trecut prin atitea intimplari si, mai inainte de a pleca, avu grija sa rupa o capatina din varza cea buna si una din varza cea rea. Si-n timp ce si le punea in ranita, gindi in sinea lui: "Verzele astea or sa ma ajute sa recapat ce-i al meu si sa pedepsesc necredinta!..."
Apoi sari peste zid si-o porni la drum catre castelul unde-si ducea viata draga lui. Dar vezi ca nu stia incotro e si citeva zile umbla incolo si incoace, fara sa-i dea de urma. Dar, din fericire, un copilandru il indrepta pe calea cea buna, si-ntr-un fapt de seara se afla in fata castelului. Dar mai inainte de a-i pasi pragul, avu grija sa-si innegreasca obrazul cu funingine, si era asa de schimbat, ca de l-ar fi vazut chiar maica-sa, tot nu l-ar fi recunoscut... Si batind el la poarta, ceru adapost.
- sunt atit de trudit, abia ingaima el, ca nu ma tin picioarele sa pot merge mai departe!...
Vrajitoarea cata la el pe dupa grilajul portii, si prinse a-l cerceta:
- Da cine esti, jupine, si cu ce treburi umbli?... Si flacaul raspunse:
- sunt un slujitor imparatesc si-am fost trimis in lume de catre stapinul meu, sa-i aduc cea mai gustoasa varza ce creste sub soare. Si cum mi-a fost dat sa am fericirea s-o gasesc, o port chiar aici, cu mine. Da ma nelinisteste ca soarele arde prea tare si mi-e teama ca nu cumva sa se vestejeasca leguma, ca tare-i frageda!... De asta nici nu stiu daca oi putea-o duce mai departe...
Cind auzi cotoroanta de varza cea gustoasa, odata i se facu pofta si spuse:
- Jupine draga, lasa-ma sa gust din minunatia asta de varza, ca rivnesc la ea!...
- De ce nu! facu vinatorul, cu ingaduinta. Ca doar am luat cu mine doua capatini. Uite, una din ele o sa ti-o dau dumitale.
Apoi desfacu ranita si ii intinse varza cea rea. Vrajitoarea n-avea cum sa stie c-ar putea sa i se-ntimple ceva de pe urma legumei asteia, si cum ii lasa gura apa dupa mancarea asta necunoscuta, se duse singura in bucatarie, sa si-o pregateasca pentru cina. Dar cand fu gata, atit de mare ii fu pofta, ca nu astepta sa fie adusa la masa, ci lua imediat citeva foi si le baga in gura. Dar vezi ca, indata ce le inghiti, isi pierdu infatisarea omeneasca si fugi prin curte in chip de magarita. Dupa putin, veni la bucatarie slujnica, si zarind varza gata facuta, vru s-o duca la masa. Dar in timp ce mergea cu strachina, dupa un vechi obicei, ii veni pofta sa guste din blid si inghiti pe nemestecate citeva foi. Si pe data se prefacu si ea tot intr-o magarita si fugi afara, la batrina. Pasamite, varza aceea isi vadise si de asta data puterea nazdravana... Dar acum zacea imprastiata pe jos, ca strachina cazuse din miinile slujnicei si se facuse tandari, in ast timp, presupusul slujitor imparatesc statea la taclale cu fata cea frumoasa. Dar cum nu venea nimeni cu varza si era si ea pofticioasa, fata nu-si mai gasea astimpar si, pana la urma, spuse:

- Nu stiu de ce nu mai vine odata mamuca, cu varza aia!...
Atunci se gindi vinatorul in sinea lui: "Sa stii ca leguma si-o fi facut de-acu efectul!.".. Si apoi spuse cu glas tare:
- Las ca ma duc eu pana la bucatarie, sa vad ce-o fi de intirzie!
Vezi insa ca abia cobori treptele cerdacului, ca le si vazu pe cele doua magarite alergind prin curte. Cauta el varza si o afla imprastiata pe sub niste scaune.
- Bravo! Astea doua si-au primit portia!... facu el, bucuros. Acu mai ramine sa se infrupte din varza si faptura de m-a inselat intr-un chip atit de nevrednic!...
Apoi ridica de pe jos restul de foi si le puse pe un taler. Si inminindu-i-l fetei, ii spuse:
- Ti-am adus chiar eu mancarea cea gustoasa, ca sa nu trebuie sa mai astepti...
Fata se apuca sa manince din varza cu lacomie si pe data isi pierdu si ea infatisarea omeneasca. Si numai ce-o zbughi afara pe usa si incepu sa alerge prin curte in chip de magarita.
Dapa ce vinatorul isi spala fata, pentru ca cele trei femei prefacute in magarite sa-l poata recunoaste, cobori in curte si le spuse:
- Acu , veti primi rasplata pentru necredinta voastra! Si legindu-le pe toate trei cu o fringhie, le mina din urma pana ce ajunse la o moara. Batu el in geam, dar cum era cam tirzior, morarul scoase capul afara si-l intreba ce doreste.
- Am trei animale naravase, raspunse vinatorul, si n-as vrea sa le mai tin, ca-mi dau mult de furca. Daca te-ai invoi insa sa le iei la dumneata si sa le dai adapost si nutret, si sa le tii dupa cum ti- oi spune eu, nu m-as zgirci deloc si ti-as plati cit mi-ai cere.
Atunci morarul ii raspunse:
- Ma-nvoiesc bucuros! Da cum trebuie sa le tin? Si vinatorul ii arata pe indelete ca magaritei batrine
- pasamite asta era vrajitoarea! - sa-i dea de trei ori pe zi bataie si o data mancare, celei tinere - care era slujnica - sa-i dea o data bataie si de trei ori mincare, iar celei tinere de tot - care era fata - bataie sa nu-i dea deloc, dar sa-i dea de trei ori mancare.
De, se aratase ingaduitor cu fata, fiindca inca o mai indragea si nu-si putea calca pe inima s-o lase sa fie scarmanata... Apoi se intoarse la castel si gasi acolo tot ce avea nevoie. Dupa citeva zile veni morarul si-i aduse vestea ca margarita cea batrina - care primise in tot timpul bataie si numai o data pe zi mancare - daduse ortul popii.
- Celelalte doua, spuse el, desi n-au murit si primesc mancare de trei ori pe zi, sunt atit de triste, ca multe zile nu cred c-or sa mai aiba si ele.
Daca auzi asta, vinatorul se milostivi de ele si-si domoli inversunarea. Si-i porunci morarului sa le aduca inapoi. Si cand fura iarasi in curtea castelului, le dadu sa manince din varza cea buna si-si luara din nou infatisarea omeneasca.
Atunci fata cea frumoasa ii cazu in genunchi si-i spuse: - Of, dragul meu drag, oare ai putea sa ma ierti vreodata pentru raul ce ti l-am facut?!... Da sa stii ca numai maica-rnea e de vina, ca ea m-a silit sa-ti casunez asa un rau si totul s-a intimplat impotriva vointei mele
ca mi-esti drag din tot sufletul!... Mantia ta fermecata e intr-un scrin, cit despre inima pasaruicii, indata o sa iau o bautura, ca s-o dau afara...
Daca-i auzi spusele, pe loc se insemna flacaul si-i grai ca unei logodnice:
- Pastreaza-le, ca mi-e totuna de le ai tu sau eu, ca doar stiu bine c-o sa-mi fii sotie credincioasa!
Si-au facut o nunta de s-a dus pomina, si-au trait impreuna in bucurie si multumire pana la sfirsitul zilelor.




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