El pescador y su mujer
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El pescador y su mujer Cuento

Un cuento de los hermanos Grimm
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El pescador y su mujer


Había una vez un pescador que vivía con su mujer en una choza, a la orilla del mar. El pescador iba todos los días a echar su anzuelo, y le echaba y le echaba sin cesar. © 2015 grimmstories.com
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Estaba un día sentado junto a su caña en la ribera, con la vista dirigida hacia su límpida agua, cuando de repente vio hundirse el anzuelo y bajar hasta lo más profundo y al sacarle tenía en la punta un barbo muy grande, el cual le dijo: -Te suplico que no me quites la vida; no soy un barbo verdadero, soy un príncipe encantado; ¿de qué te serviría matarme si no puedo serte de mucho regalo? Échame al agua y déjame nadar. © 2015 grimmstories.com
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-Ciertamente, le dijo el pescador, no tenías necesidad de hablar tanto, pues no haré tampoco otra cosa que dejar nadar a sus anchas a un barbo que sabe hablar. © 2015 grimmstories.com
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Le echó al agua y el barbo se sumergió en el fondo, dejando tras sí una larga huella de sangre. © 2015 grimmstories.com
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El pescador se fue a la choza con su mujer: -Marido mío, le dijo, ¿no has cogido hoy nada? © 2015 grimmstories.com
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-No, contestó el marido; he cogido un barbo que me ha dicho ser un príncipe encantado y le he dejado nadar lo mismo que antes. © 2015 grimmstories.com
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-¿No le has pedido nada para ti? -replicó la mujer. © 2015 grimmstories.com
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-No, repuso el marido; ¿y qué había de pedirle? © 2015 grimmstories.com
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-¡Ah! -respondió la mujer; es tan triste, es tan triste vivir siempre en una choza tan sucia e infecta como esta; hubieras debido pedirle una casa pequeñita para nosotros; vuelve y llama al barbo, dile que quisiéramos tener una casa pequeñita, pues nos la dará de seguro. © 2015 grimmstories.com
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-¡Ah! -dijo el marido, ¿y por qué he de volver? © 2015 grimmstories.com
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-¿No le has cogido, continuó la mujer, y dejado nadar como antes? Pues lo harás; ve corriendo. © 2015 grimmstories.com
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El marido no hacía mucho caso; sin embargo, fue a la orilla del mar, y cuando llegó allí, la vio toda amarilla y toda verde, se acercó al agua y dijo: © 2015 grimmstories.com
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Tararira ondino, tararira ondino, © 2015 grimmstories.com
hermoso pescado, pequeño vecino, © 2015 grimmstories.com
mi pobre Isabel grita y se enfurece, © 2015 grimmstories.com
es preciso darla lo que se merece. © 2015 grimmstories.com
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El barbo avanzó hacia él y le dijo: -¿Qué quieres? © 2015 grimmstories.com
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-¡Ah! -repuso el hombre, hace poco que te he cogido; mi mujer sostiene que hubiera debido pedirte algo. No está contenta con vivir en una choza de juncos, quisiera mejor una casa de madera. © 2015 grimmstories.com
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-Puedes volver, le dijo el barbo, pues ya la tiene. © 2015 grimmstories.com
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Volvió el marido y su mujer no estaba ya en la choza, pero en su lugar había una casa pequeña, y su mujer estaba a la puerta sentada en un banco. Le cogió de la mano y le dijo: -Entra y mira: esto es mucho mejor. © 2015 grimmstories.com
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Entraron los dos y hallaron dentro de la casa una bonita sala y una alcoba donde estaba su lecho, un comedor y una cocina con su espetera de cobre y estaño muy reluciente, y todos los demás utensilios completos. Detrás había un patio pequeño con gallinas y patos, y un canastillo con legumbres y frutas. -¿Ves, le dijo la mujer, qué bonito es esto? © 2015 grimmstories.com
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-Sí, la dijo el marido; si vivimos siempre aquí, seremos muy felices. © 2015 grimmstories.com
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-Veremos lo que nos conviene, replicó la mujer. © 2015 grimmstories.com
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Después comieron y se acostaron. © 2015 grimmstories.com
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Continuaron así durante ocho o quince días, pero al fin dijo la mujer: -¡Escucha, marido mío: esta casa es demasiado estrecha, y el patio y el huerto son tan pequeños!... El barbo hubiera debido en realidad darnos una casa mucho más grande. Yo quisiera vivir en un palacio de piedra; ve a buscar al barbo; es preciso que nos dé un palacio. © 2015 grimmstories.com
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-¡Ah!, mujer, replicó el marido, esta casa es en realidad muy buena; ¿de qué nos serviría vivir en un palacio? © 2015 grimmstories.com
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-Ve, dijo la mujer, el barbo puede muy bien hacerlo. © 2015 grimmstories.com
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-No, mujer, replicó el marido, el barbo acaba de darnos esta casa, no quiero volver, temería importunarle. © 2015 grimmstories.com
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-Ve, insistió la mujer, puede hacerlo y lo hará con mucho gusto; ve, te digo. © 2015 grimmstories.com
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El marido sentía en el alma dar este paso, y no tenía mucha prisa, pues se decía: -No me parece bien, -pero obedeció sin embargo. © 2015 grimmstories.com
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Cuando llegó cerca del mar, el agua tenía un color de violeta y azul oscuro, pareciendo próxima a hincharse; no estaba verde y amarilla como la vez primera; sin embargo, reinaba la más completa calma. El pescador se acercó y dijo: © 2015 grimmstories.com
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Tararira ondino, tararira ondino, © 2015 grimmstories.com
hermoso pescado, pequeño vecino, © 2015 grimmstories.com
mi pobre Isabel grita y se enfurece, © 2015 grimmstories.com
es preciso darla lo que se merece. © 2015 grimmstories.com
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-¿Qué quiere tu mujer? -dijo el barbo. © 2015 grimmstories.com
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-¡Ah! -contestó el marido medio turbado, quiere habitar un palacio grande de piedra. © 2015 grimmstories.com
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-Vete, replicó el barbo, la encontrarás a la puerta. © 2015 grimmstories.com
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Marchó el marido, creyendo volver a su morada; pero cuando se acercaba a ella, vio en su lugar un gran palacio de piedra. Su mujer, que se hallaba en lo alto de las gradas, iba a entrar dentro; le cogió de la mano y le dijo: -Entra conmigo. -La siguió. Tenía el palacio un inmenso vestíbulo, cuyas paredes eran de mármol; numerosos criados abrían las puertas con grande estrépito delante de sí; las paredes resplandecían con los dorados y estaban cubiertas de hermosas colgaduras; las sillas y las mesas de las habitaciones eran de oro; veíanse suspendidas de los techos millares de arañas de cristal, y había alfombras en todas las salas y piezas; las mesas estaban cargadas de los vinos y manjares más exquisitos, hasta el punto que parecía iban a romperse bajo su peso. Detrás del palacio había un patio muy grande, con establos para las vacas y caballerizas para los caballos y magníficos coches; había además un grande y hermoso jardín, adornado de las flores más hermosas y de árboles frutales, y por último, un parque de lo menos una legua de largo, donde se veían ciervos, gamos, liebres y todo cuanto se pudiera apetecer. © 2015 grimmstories.com
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-¿No es muy hermoso todo esto? -dijo la mujer. © 2015 grimmstories.com
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-¡Oh!, ¡sí! -repuso el marido; quedémonos aquí y viviremos muy contentos. © 2015 grimmstories.com
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-Ya reflexionaremos, dijo la mujer, durmamos primero; y nuestras gentes se acostaron. © 2015 grimmstories.com
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A la mañana siguiente despertó la mujer siendo ya muy de día y vio desde su cama la hermosa campiña que se ofrecía a su vista; el marido se estiró al despertarse; diole ella con el codo y le dijo: © 2015 grimmstories.com
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-Marido mío, levántate y mira por la ventana; ¿ves?, ¿no podíamos llegar a ser reyes de todo este país? Corre a buscar al barbo y seremos reyes. © 2015 grimmstories.com
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-¡Ah!, mujer, repuso el marido, y por qué hemos de ser reyes, yo no tengo ganas de serlo. © 2015 grimmstories.com
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-Pues si tú no quieres ser rey, replicó la mujer, yo quiero ser reina. Ve a buscar al barbo, yo quiero ser reina. © 2015 grimmstories.com
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-¡Ah!, mujer, insistió el marido; ¿para qué quieres ser reina? Yo no quiero decirle eso. © 2015 grimmstories.com
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-¿Y por qué no? -dijo la mujer; ve al instante; es preciso que yo sea reina. © 2015 grimmstories.com
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El marido fue, pero estaba muy apesadumbrado de que su mujer quisiese ser reina. No me parece bien, no me parece bien en realidad, pensaba para sí. No quiero ir; y fue sin embargo. © 2015 grimmstories.com
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Cuando se acercó al mar, estaba de un color gris, el agua subía a borbotones desde el fondo a la superficie y tenía un olor fétido; se adelantó y dijo: © 2015 grimmstories.com
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-¿Y qué quiere tu mujer? -dijo el barbo. © 2015 grimmstories.com
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-¡Ah! -contestó el marido; quiere ser reina. © 2015 grimmstories.com
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-Vuelve, que ya lo es, replicó el barbo. © 2015 grimmstories.com
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Partió el marido, y cuando se acercaba al palacio, vio que se había hecho mucho mayor y tenía una torre muy alta decorada con magníficos adornos. A la puerta había guardias de centinela y una multitud de soldados con trompetas y timbales. Cuando entró en el edificio vio por todas partes mármol del más puro, enriquecido con oro, tapices de terciopelo y grandes cofres de oro macizo. Le abrieron las puertas de la sala: toda la corte se hallaba reunida y su mujer estaba sentada en un elevado trono de oro y de diamantes; llevaba en la cabeza una gran corona de oro, tenía en la mano un cetro de oro puro enriquecido de piedras preciosas, y a su lado estaban colocadas en una doble fila seis jóvenes, cuyas estaturas eran tales, que cada una la llevaba la cabeza a la otra. Se adelantó y dijo: © 2015 grimmstories.com
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-¡Ah, mujer!, ¿ya eres reina? © 2015 grimmstories.com
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-Sí, le contestó, ya soy reina. © 2015 grimmstories.com
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Se colocó delante de ella y la miró, y en cuanto la hubo contemplado por un instante, dijo: © 2015 grimmstories.com
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-¡Ah, mujer!, ¡qué bueno es que seas reina! Ahora no tendrás ya nada que desear. © 2015 grimmstories.com
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-De ningún modo, marido mío, le contestó muy agitada; hace mucho tiempo que soy reina, quiero ser mucho más. Ve a buscar al barbo y dile que ya soy reina, pero que necesito ser emperatriz. © 2015 grimmstories.com
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-¡Ah, mujer! -replicó el marido, yo sé que no puede hacerte emperatriz y no me atrevo a decirle eso. © 2015 grimmstories.com
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-¡Yo soy reina, dijo la mujer, y tú eres mi marido! Ve, si ha podido hacernos reyes, también podrá hacernos emperadores. Ve, te digo. © 2015 grimmstories.com
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Tuvo que marchar; pero al alejarse se hallaba turbado y se decía a sí mismo: No me parece bien. ¿Emperador? Es pedir demasiado y el barbo se cansará. © 2015 grimmstories.com
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Pensando esto vio que el agua estaba negra y hervía a borbotones, la espuma subía a la superficie y el viento la levantaba soplando con violencia, se estremeció, pero se acercó y dijo: © 2015 grimmstories.com
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Tararira ondino, tararira ondino, © 2015 grimmstories.com
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mi pobre Isabel grita y se enfurece, © 2015 grimmstories.com
es preciso darla lo que se merece. © 2015 grimmstories.com
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-¿Y qué quiere? -dijo el barbo. © 2015 grimmstories.com
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-¡Ah, barbo! -le contestó; mi mujer quiere llegar a ser emperatriz. © 2015 grimmstories.com
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-Vuelve, dijo el barbo; lo es desde este instante. © 2015 grimmstories.com
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Volvió el marido, y cuando estuvo de regreso, todo el palacio era de mármol pulimentado, enriquecido con estatuas de alabastro y adornado con oro. Delante de la puerta había muchas legiones de soldados, que tocaban trompetas, timbales y tambores; en el interior del palacio los barones y los condes y los duques iban y venían en calidad de simples criados, y le abrían las puertas, que eran de oro macizo. En cuanto entró, vio a su mujer sentada en un trono de oro de una sola pieza y de más de mil pies de alto, llevaba una enorme corona de oro de cinco codos, guarnecida de brillantes y carbunclos; en una mano tenía el cetro y en la otra el globo imperial; a un lado estaban sus guardias en dos filas, más pequeños unos que otros; además había gigantes enormes de cien pies de altos y pequeños enanos que no eran mayores que el dedo pulgar. © 2015 grimmstories.com
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Delante de ella había de pie una multitud de príncipes y de duques: el marido avanzó por en medio de ellos, y la dijo: © 2015 grimmstories.com
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-Mujer, ya eres emperatriz. © 2015 grimmstories.com
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-Sí, le contestó, ya soy emperatriz. © 2015 grimmstories.com
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Entonces se puso delante de ella y comenzó a mirarla y le parecía que veía al sol. En cuanto la hubo contemplado así un momento: © 2015 grimmstories.com
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-¡Ah, mujer, la dijo, qué buena cosa es ser emperatriz! © 2015 grimmstories.com
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Pero permanecía tiesa, muy tiesa y no decía palabra. © 2015 grimmstories.com
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Al fin exclamó el marido: © 2015 grimmstories.com
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-¡Mujer, ya estarás contenta, ya eres emperatriz! ¿Qué más puedes desear? © 2015 grimmstories.com
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-Veamos, contestó la mujer. © 2015 grimmstories.com
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Fueron enseguida a acostarse, pero ella no estaba contenta; la ambición la impedía dormir y pensaba siempre en ser todavía más. © 2015 grimmstories.com
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El marido durmió profundamente; había andado todo el día, pero la mujer no pudo descansar un momento; se volvía de un lado a otro durante toda la noche, pensando siempre en ser todavía más; y no encontrando nada por qué decidirse. Sin embargo, comenzó a amanecer, y cuando percibió la aurora, se incorporó un poco y miró hacia la luz, y al ver entrar por su ventana los rayos del sol... © 2015 grimmstories.com
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-¡Ah! -pensó; ¿por qué no he de poder mandar salir al Sol y a la Luna? Marido mío, dijo empujándole con el codo, ¡despiértate, ve a buscar al barbo; quiero ser semejante a Dios! © 2015 grimmstories.com
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El marido estaba dormido todavía, pero se asustó de tal manera, que se cayó de la cama. Creyendo que había oído mal, se frotó los ojos y preguntó: © 2015 grimmstories.com
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-¡Ah, mujer! ¿Qué dices? © 2015 grimmstories.com
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-Marido mío, si no puedo mandar salir al Sol y a la Luna, y si es preciso que los vea salir sin orden mía, no podré descansar y no tendré una hora de tranquilidad, pues estaré siempre pensando en que no los puedo mandar salir. © 2015 grimmstories.com
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Y al decir esto le miró con un ceño tan horrible, que sintió bañarse todo su cuerpo de un sudor frío. © 2015 grimmstories.com
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-Ve al instante, quiero ser semejante a Dios. © 2015 grimmstories.com
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-¡Ah, mujer! -dijo el marido arrojándose a sus pies; el barbo no puede hacer eso; ha podido muy bien hacerte reina y emperatriz, pero, te lo suplico, conténtate con ser emperatriz. © 2015 grimmstories.com
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Entonces echó a llorar; sus cabellos volaron en desorden alrededor de su cabeza, despedazó su cinturón y dio a su marido un puntapié gritando: © 2015 grimmstories.com
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-No puedo, no quiero contentarme con esto; marcha al instante. © 2015 grimmstories.com
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El marido se vistió rápidamente y echó a correr, como un insensato. © 2015 grimmstories.com
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Pero la tempestad se había desencadenado y rugía furiosa; las casas y los árboles se movían; pedazos de roca rodaban por el mar, y el cielo estaba negro como la pez; tronaba, relampagueaba y el mar levantaba olas negras tan altas como campanarios y montañas, y todas llevaban en su cima una corona blanca de espuma. Púsose a gritar, pues apenas podía oírse él mismo sus propias palabras: © 2015 grimmstories.com
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-¿Qué quieres tú, amigo? -dijo el barbo. © 2015 grimmstories.com
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-¡Ah, contestó, quiere ser semejante a Dios! © 2015 grimmstories.com
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-Vuelve y la encontrarás en la choza. © 2015 grimmstories.com
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Y a estas horas viven allí todavía.


* * * FIN * * *

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