Un buen negocio
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Un buen negocio Cuento

Un cuento de los hermanos Grimm
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Un buen negocio


Un campesino llevó su vaca al mercado, donde la vendió por siete escudos. Cuando regresaba a su casa hubo de pasar junto a una charca, y ya desde lejos oyó croar las ranas: "¡cuak, cuak, cuak!." © 2015 grimmstories.com
- ¡Bah! -dijo para sus adentros-. Ésas no saben lo que se dicen. Siete son los que he sacado, y no cuatro-. Al llegar al borde del agua, las increpó: © 2015 grimmstories.com
- ¡Bobas que sois! ¡Qué sabéis vosotras! Son siete y no cuatro. © 2015 grimmstories.com
Pero las ranas siguieron impertérritas: "cuak, cuak, cuak." © 2015 grimmstories.com
- Bueno, si no queréis creerlo los contaré delante de vuestras narices. © 2015 grimmstories.com
Y sacando el dinero del bolsillo, contó los siete escudos, a razón de veinticuatro reales cada uno. Pero las ranas, sin prestar atención a su cálculo, seguían croando: "cuak, cuak, cuak." © 2015 grimmstories.com
- ¡Caramba con los bichos! -gritó el campesino, amoscado-. Puesto que os empeñáis en saberlo mejor que yo, contadlo vosotras mismas. © 2015 grimmstories.com
Y arrojó las monedas al agua, quedándose de pie en espera de que las hubiesen contado y se las devolviesen. Pero las ranas seguían en sus trece, y duro con su "cuak, cuak, cuak," sin devolver el dinero. Aguardó el hombre un buen rato, hasta el anochecer; pero entonces ya no tuvo más remedio que marcharse. Púsose a echar pestes contra las ranas, gritándoles: © 2015 grimmstories.com
- ¡Chapuzonas, cabezotas, estúpidas! ¡Podéis tener una gran boca para gritar y ensordecernos, pero sois incapaces de contar siete escudos! ¿Os habéis creído que aguardaré aquí hasta que hayáis terminado? © 2015 grimmstories.com
Y se marchó, mientras lo perseguía el "cuak, cuak, cuak" de las ranas, por lo que el hombre llegó a su casa de un humor de perros. © 2015 grimmstories.com
Al cabo de algún tiempo compró otra vaca y la sacrificó, calculando que si vendía bien la carne sacaría de ella lo bastante para resarcirse de la pérdida de la otra, y aún le quedaría la piel. Al entrar en la ciudad con la carne, viose acosado por toda una jauría de perros, al frente de los cuales iba un gran lebrel. Saltaba éste en torno a la carne, olfateándola y ladrando: -¡Vau, vau, vau! -Y como se empeñaba en no callar, díjole el labrador: © 2015 grimmstories.com
- Sí, ya te veo, bribón, gritas "vau vau" porque quieres que te dé un pedazo de vaca. ¡Pues sí que haría yo buen negocio! © 2015 grimmstories.com
Pero el perro no replicaba sino "vau, vau, vau." © 2015 grimmstories.com
- ¿Me prometes no comértela y me respondes de tus compañeros? © 2015 grimmstories.com
- Vau, vau -repitió el perro. © 2015 grimmstories.com
- Bueno, puesto que te empeñas, te la dejaré; te conozco bien y sé a quién sirves. Pero una cosa te digo: dentro de tres días quiero el dinero; de lo contrario, lo vas a pasar mal. Me lo llevarás a casa. © 2015 grimmstories.com
Y, descargando la carne, se volvió, mientras los perros se lanzaban sobre ella, ladrando: "vau, vau." Oyéndolos desde lejos, el campesino se dijo: "Todos quieren su parte, pero el grande tendrá que responder." © 2015 grimmstories.com
Transcurridos los tres días, pensó el labrador: "Esta noche tendrás el dinero en el bolsillo, y esta idea lo llenó de contento. Pero nadie se presentó a pagar. "¡Es que no te puedes fiar de nadie!," se dijo, y, perdiendo la paciencia, fuese a la ciudad a pedir al carnicero que le satisficiese la deuda. El carnicero se lo tomó a broma, pero el campesino replicó: © 2015 grimmstories.com
- Nada de burlas, yo quiero mi dinero. ¿Acaso el perro no os trajo hace tres días toda la vaca muerta? © 2015 grimmstories.com
Enojóse el carnicero y, echando mano de una escoba, lo despidió a escobazos. © 2015 grimmstories.com
- ¡Aguardad -gritóle el hombre-, todavía hay justicia en la tierra! -y, dirigiéndose al palacio del Rey, solicitó audiencia. © 2015 grimmstories.com
Conducido a presencia del Rey, que estaba con su hija, preguntóle éste qué le ocurría. © 2015 grimmstories.com
- ¡Ah! -exclamó el campesino-. Las ranas y los perros se quedaron con lo que era mío, y ahora el carnicero me ha pagado a palos-, y explicó circunstanciadamente lo ocurrido. © 2015 grimmstories.com
La princesa prorrumpió en una sonora carcajada, y el Rey le dijo: © 2015 grimmstories.com
- No puedo hacerte justicia en este caso, pero, en cambio, te daré a mi hija por esposa. En toda su vida la vi reírse como ahora, y prometí casarla con quien fuese capaz de hacerla reír. Puedes dar gracias a Dios de tu buena suerte! © 2015 grimmstories.com
- ¡Oh! -replicó el campesino-. No la quiero -, en casa tengo ya una mujer, y con ella me sobra. Cada vez que llego a casa, me parece como si me saliese una de cada esquina. © 2015 grimmstories.com
El Rey, colérico, chilló: © 2015 grimmstories.com
- ¡Eres un imbécil! © 2015 grimmstories.com
- ¡Ah, Señor Rey! -respondió el campesino-. ¡Qué podéis esperar de un asno, sino coces! © 2015 grimmstories.com
- Aguarda -dijo el Rey-, te pagaré de otro modo. Márchate ahora y vuelve dentro de tres días; te van a dar quinientos bien contados. © 2015 grimmstories.com
Al pasar el campesino la puerta, díjole el centinela: © 2015 grimmstories.com
- Hiciste reír a la princesa; seguramente te habrán pagado bien. © 2015 grimmstories.com
- Sí, eso creo -murmuró el rústico-. Me darán quinientos. © 2015 grimmstories.com
- Oye -inquirió el soldado-, podrías darme unos cuantos. ¿Qué harás con tanto dinero? © 2015 grimmstories.com
- Por ser tú, te cederé doscientos -dijo el campesino-. Preséntate al Rey dentro de tres días y te los pagarán. © 2015 grimmstories.com
Un judío, que se hallaba cerca y había oído la conversación, corrió tras el labrador y le dijo, tirándole de la chaqueta: © 2015 grimmstories.com
- ¡Maravilla de Dios, vos sí que nacisteis con buena estrella! os cambiaré el dinero en moneda de vellón. ¿Qué haríais vos con los escudos en pieza? © 2015 grimmstories.com
- Trujamán -contestó el campesino-, puedes quedarte con trescientos. Cámbiamelos ahora mismo, y dentro tres días, el Rey te los pagará. © 2015 grimmstories.com
El judío, contento del negociete, diole la cantidad en moneda de cobre, ganándose uno por cada tres. Al expirar el plazo, el campesino, obediente a la orden recibida, se presentó ante el Rey. © 2015 grimmstories.com
- Quitadle la chaqueta -mandó éste-, va a recibir los quinientos prometidos. © 2015 grimmstories.com
- ¡Oh! -dijo el hombre-, ya no son míos: doscientos los regalé al centinela, y los trescientos restantes me los cambió un judío, así que no me toca ya nada. © 2015 grimmstories.com
Presentáronse entonces el soldado y el judío a reclamar lo que les ofreciera el campesino, y recibieron en las espaldas los azotes correspondientes. El soldado los sufrió con paciencia; ya los había probado en otras ocasiones. Pero el judío todo era exclamarse: © 2015 grimmstories.com
- ¡Ay! ¿Esto son los escudos? © 2015 grimmstories.com
El Rey no pudo por menos de reírse del campesino y, calmado su enojo, le dijo: © 2015 grimmstories.com
- Puesto que te has quedado sin recompensa, te daré una compensación. Ve a la cámara del tesoro y llévate todo el dinero que quieras. © 2015 grimmstories.com
El hombre no se lo hizo repetir y se llenó los bolsillos a reventar; luego entró en la posada y se puso a contar el dinero. El judío, que lo había seguido, oyólo que refunfuñaba: © 2015 grimmstories.com
- Este pícaro de Rey me ha jugado una mala pasada; ¿No podía darme él mismo el dinero, y ahora sabría yo cuánto tengo? En cambio, ahora, ¿quién me dice que lo que he cogido, a mi talante, es lo que me tocaba? © 2015 grimmstories.com
"¡Dios nos ampare! -dijo para sus adentros el judío-. ¡Este hombre murmura de nuestro Rey! Voy a denunciarlo; de este modo me darán una recompensa y encima lo castigarán." © 2015 grimmstories.com
Al enterarse el Rey de los improperios del campesino, montó en cólera y mandó al judío que fuese en su busca y se presentase con él en palacio. Corrió el judío en busca del labrador: © 2015 grimmstories.com
- Debéis comparecer inmediatamente ante el Rey -le dijo-; así, tal como estáis. © 2015 grimmstories.com
- Yo sé mejor lo que debo hacer -respondió el campesino-. Antes tengo que encargarme una casaca nueva. ¿Crees que un hombre con tanto dinero en los bolsillos puede ir hecho un desharrapado? © 2015 grimmstories.com
El judío, al ver que no lograría arrastrar al otro sin una chaqueta nueva y temiendo que al Rey se le pasara el enfado y, con él, se esfumara su premio y el castigo del otro, dijo: © 2015 grimmstories.com
- Os prestaré por unas horas una hermosa casaca; y conste que lo hago por pura amistad. ¡Qué no hace un hombre por amor! © 2015 grimmstories.com
Avínose el labrador y, poniéndose la casaca del judío, fuese con él a palacio. Reprochóle el Rey los denuestos que, según el judío, le había dirigido. © 2015 grimmstories.com
- ¡Ay! -exclamó el campesino-. Lo que dice un judío es mentira segura. ¿Cuándo se les ha oído pronunciar una palabra verdadera? ¡Este individuo sería capaz de sostener que la casaca que llevo es suya! © 2015 grimmstories.com
- ¿Cómo? -replicó el judío-. ¡Claro que lo es! ¿No acabo de prestárosla por pura amistad, para que pudierais presentaros dignamente ante el Señor Rey? © 2015 grimmstories.com
Al oírlo el Rey, dijo: © 2015 grimmstories.com
- Fuerza es que el judío engañe a uno de los dos: al labrador o a mí. © 2015 grimmstories.com
Y mandó darle otra azotaina en las costillas, mientras el campesino se marchaba con la buena casaca y el dinero en los bolsillos, diciendo: © 2015 grimmstories.com
- Esta vez he acertado.


* * * FIN * * *

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