El enebro
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El enebro Cuento

Un cuento de los hermanos Grimm
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El enebro


Hace ya mucho, mucho tiempo, como unos dos mil años, vivía un hombre millonario que tenía una mujer tan bella como piadosa. Se amaban tiernamente, pero no tenían hijos, a pesar de lo mucho que los deseaban; la esposa los pedía al cielo día y noche; pero no venía ninguno. Frente a su casa, en un patio, crecía un enebro, y un día de invierno en que la mujer se encontraba debajo de él pelando una manzana, se cortó en un dedo y la sangre cayó en la nieve. © 2015 grimmstories.com
- ¡Ay! - exclamó con un profundo suspiro, y, al mirar la sangre, le entró una gran melancolía: "¡Si tuviese un hijo rojo como la sangre y blanco como la nieve!," y, al decir estas palabras, sintió de pronto en su interior una extraña alegría; tuvo el presentimiento de que iba a ocurrir algo inesperado. © 2015 grimmstories.com
Entró en su casa, pasó un mes y se descongeló la nieve; a los dos meses, todo estaba verde, y las flores brotaron del suelo; a los cuatro, todos los árboles eran un revoltijo de nuevas ramas verdes. Cantaban los pajaritos, y sus trinos resonaban en todo el bosque, y las flores habían caído de los árboles al terminar el quinto mes; y la mujer no se cansaba de pasarse horas y horas bajo el enebro, que tan bien olía. El corazón le saltaba de gozo, cayó de rodillas y no cabía en sí de regocijo. Y cuando ya hubo transcurrido el sexto mes, y los frutos estaban ya abultados y jugosos, sintió en su alma una gran placidez y quietud. Al llegar el séptimo mes comió muchas bayas de enebro, y enfermó y sintió una profunda tristeza. Pasó luego el octavo mes, llamó a su marido y, llorando, le dijo: © 2015 grimmstories.com
- Si muero, entiérrame bajo el enebro. © 2015 grimmstories.com
Y, de repente, se sintió consolada y contenta, y de este modo transcurrió el mes noveno. Dio entonces a luz un niño blanco como la nieve y colorado como la sangre, y, al verlo, fue tal su alegría, que murió. © 2015 grimmstories.com
Su esposo la enterró bajo el enebro, y no terminaba de llorar; al cabo de algún tiempo, sus lágrimas empezaron a manar menos copiosamente, al fin se secaron, y el hombre tomó otra mujer. © 2015 grimmstories.com
Con su segunda esposa tuvo una hija, y ya dijimos que del primer matrimonio le había quedado un niño rojo como la sangre y blanco como la nieve. Al ver la mujer a su hija, quedó prendada de ella; pero cuando miraba al pequeño, los celos le oprimía el corazón; le parecía que era un estorbo continuo, y no pensaba sino en tratar que toda la fortuna quedase para su hija. El demonio le inspiró un odio profundo hacia el niño; empezó a mandarlo de un rincón a otro, tratándolo a empujones y codazos, por lo que el pobre pequeñito vivía en constante sobresalto. Cuando volvía de la escuela, no había un momento de reposo para él. © 2015 grimmstories.com
Un día en que la mujer estaba en el piso de arriba, acudió su hijita y le dijo: © 2015 grimmstories.com
- ¡Mamá, dame una manzana! © 2015 grimmstories.com
- Sí, hija mía - asintió la madre, y le ofreció una muy hermosa que sacó del arca. Pero aquella arca tenía una tapa muy grande y pesada, con una cerradura de hierro ancha y cortante. © 2015 grimmstories.com
- Mamá - prosiguió la niña -, ¿no podrías darle también una al hermanito? © 2015 grimmstories.com
La mujer hizo un gesto de mal humor, pero respondió: © 2015 grimmstories.com
- Sí, cuando vuelva de la escuela. © 2015 grimmstories.com
Y he aquí que cuando lo vio venir desde la ventana, como si en aquel mismo momento hubiese entrado en su alma el demonio, quitando a la niña la manzana que le diera, le dijo: © 2015 grimmstories.com
- ¡No vas a tenerla tú antes que tu hermano! © 2015 grimmstories.com
Y volviendo el fruto al arca, la cerró. Al llegar el niño a la puerta, el maligno le inspiró que lo acogiese cariñosamente: © 2015 grimmstories.com
- Hijo mío, ¿te apetecería una manzana? - preguntó al pequeño, mirándolo con ojos coléricos. © 2015 grimmstories.com
- Mamá - respondió el niño, - ¡pones una cara que me asusta! ¡Sí, quiero una manzana! © 2015 grimmstories.com
Y la voz interior del demonio le hizo decir: © 2015 grimmstories.com
- Ven conmigo - y, levantando la tapa de la caja: - agárralo tú mismo. © 2015 grimmstories.com
Y al inclinarse el pequeño, volvió a tentarla el diablo. De un golpe brusco cerró el arca con tanta violencia, que cortó en redondo la cabeza del niño, la cual cayó entre las manzanas. En el mismo instante sintió la mujer una gran angustia y pensó: "¡Ojalá no lo hubiese hecho!." Bajó a su habitación y sacó de la cómoda un paño blanco; colocó nuevamente la cabeza sobre el cuello, le ató el paño a modo de bufanda, de manera que no se notara la herida, y sentó al niño muerto en una silla delante de la puerta, con una manzana en la mano. © 2015 grimmstories.com
Mas tarde, Marlenita entró en la cocina, en busca de su madre. Ésta estaba junto al fuego y agitaba el agua hirviendo que tenía en un puchero. © 2015 grimmstories.com
- Mamá - dijo la niña, - el hermanito está sentado delante de la puerta; está todo blanco y tiene una manzana en la mano. Le he pedido que me la dé, pero no me responde. ¡Me ha dado mucho miedo! © 2015 grimmstories.com
- Vuelve – le dijo la madre, - y si tampoco te contesta, le pegas un coscorrón. © 2015 grimmstories.com
Y salió Marlenita y dijo: © 2015 grimmstories.com
- ¡Hermano, dame la manzana! - Pero al seguir, él callado, la niña le pegó un golpe en la cabeza, la cual, se desprendió, y cayó al suelo. La chiquita se asustó terriblemente y rompió a llorar y gritar. Corrió al lado de su madre y exclamó: © 2015 grimmstories.com
- ¡Ay mamá! ¡He cortado la cabeza a mi hermano! - y lloraba desconsoladamente. © 2015 grimmstories.com
- ¡Marlenita! - exclamó la madre. - ¿Qué has hecho? Pero cállate, que nadie lo sepa. Como esto ya no tiene remedio, lo cocinaremos en estofado. © 2015 grimmstories.com
Y, tomando el cuerpo del niño, lo cortó a pedazos, lo echó en la olla y lo coció. Mientras, Marlenita no hacía sino llorar y más llorar, y tantas lágrimas cayeron al puchero, que no hubo necesidad de echarle sal. Al llegar el padre a casa, se sentó a la mesa y preguntó: © 2015 grimmstories.com
- ¿Dónde está mi hijo? © 2015 grimmstories.com
Su mujer le sirvió una gran fuente, muy grande, de carne con salsa negra, mientras Marlenita seguía llorando sin poder contenerse. Repitió el hombre: © 2015 grimmstories.com
- ¿Dónde está mi hijo? © 2015 grimmstories.com
- ¡Ay! - dijo la mujer -, se ha marchado a casa de los parientes de su madre; quiere pasar una temporada con ellos. © 2015 grimmstories.com
- ¿Y qué va a hacer allí? Por lo menos podría haberse despedido de mí. © 2015 grimmstories.com
- ¡Estaba tan impaciente! Me pidió que lo dejase quedarse allí seis semanas. Lo cuidarán bien; está en buenas manos. © 2015 grimmstories.com
- ¡Ay! - exclamó el padre. - Esto me disgusta mucho. Ha obrado mal; siquiera podía haberme dicho adiós. © 2015 grimmstories.com
Y empezó a comer; dirigiéndose a la niña, dijo: © 2015 grimmstories.com
- Marlenita, ¿por qué lloras? Ya volverá tu hermano. ¡Mujer! - prosiguió, - ¡qué buena está hoy la comida! Sírveme más. © 2015 grimmstories.com
Y cuanto más comía, más deliciosa la encontraba. © 2015 grimmstories.com
- Ponme más - insistía, - no quiero que quede nada; me parece como si todo esto fuese mío. © 2015 grimmstories.com
Y seguía comiendo, tirando los huesos debajo de la mesa, hasta que ya no quedó ni pizca. © 2015 grimmstories.com
Pero Marlenita, yendo a su cómoda, sacó del cajón inferior su pañuelo de seda más bonito, envolvió en él los huesos que recogió de debajo de la mesa y se los llevó fuera, llorando lágrimas de sangre. Los depositó allí entre la hierba, debajo del enebro, y cuando lo hizo todo, sintió de pronto un gran alivio y dejó de llorar. Entonces el enebro empezó a moverse, y sus ramas a juntarse y separarse como cuando una persona, sintiéndose contenta de corazón, junta las manos dando palmadas. Se formó una especie de niebla que rodeó el arbolito, y en el medio de la niebla apareció de pronto una llama, de la cual salió volando un hermoso pajarito, que se elevó en el aire a gran altura, cantando melodiosamente. Y cuando había desaparecido, el enebro volvió a quedarse como antes; pero el paño con los huesos se había esfumado. Marlenita sintió en su alma una paz y gran alegría, como si su hermanito viviese aún. Entró nuevamente en la casa, se sentó a la mesa y comió su comida. © 2015 grimmstories.com
Pero el pájaro siguió volando, hasta llegar a la casa de un orfebre, donde se detuvo y se puso a cantar: © 2015 grimmstories.com
"Mi madre me mató, © 2015 grimmstories.com
mi padre me comió, © 2015 grimmstories.com
y mi buena hermanita © 2015 grimmstories.com
mis huesecitos guardó, © 2015 grimmstories.com
Los guardó en un pañito © 2015 grimmstories.com
de seda, ¡muy bonito!, © 2015 grimmstories.com
y al pie del enebro los enterró. © 2015 grimmstories.com
Kivit, kivit, ¡qué lindo pajarito soy yo!." © 2015 grimmstories.com
El orfebre estaba en su taller haciendo una cadena de oro, y al oír el canto del pájaro que se había posado en su tejado, le pareció que nunca había oído nada tan hermoso. Se levantó, y al pasar el dintel de la puerta, se le salió una zapatilla, y, así, tuvo que seguir hasta el medio de la calle descalzo de un pie, con el delantal puesto, en una mano la cadena de oro, y la tenaza en la otra; y el sol inundaba la calle con sus brillantes rayos. Levantando la cabeza, el orfebre miró al pajarito: © 2015 grimmstories.com
- ¡Qué bien cantas! - le dijo -. ¡Repite tu canción! © 2015 grimmstories.com
- No - contestó el pájaro; - si no me pagan, no la vuelvo a cantar. Dame tu cadena y volveré a cantar. © 2015 grimmstories.com
- Ahí tienes la cadena - dijo el orfebre -. Repite la canción. © 2015 grimmstories.com
Bajó volando el pájaro, cogió con la patita derecha la cadena y, posándose enfrente del orfebre, cantó: © 2015 grimmstories.com
"Mi madre me mató, © 2015 grimmstories.com
mi padre me comió, © 2015 grimmstories.com
y mí buena hermanita © 2015 grimmstories.com
mis huesecitos guardó. © 2015 grimmstories.com
Los guardó en un pañito © 2015 grimmstories.com
de seda, ¡muy bonito!, © 2015 grimmstories.com
y al pie del enebro los enterró. © 2015 grimmstories.com
Kivit, kivit, ¡qué lindo pajarito soy yo!." © 2015 grimmstories.com
Voló la avecilla a la tienda del zapatero y, posándose en el tejado, volvió a cantar: © 2015 grimmstories.com
"Mi madre me mató, © 2015 grimmstories.com
mi padre me comió, © 2015 grimmstories.com
y mi buena hermanita © 2015 grimmstories.com
mis huesecitos guardó. © 2015 grimmstories.com
Los guardó en un pañito © 2015 grimmstories.com
de seda, ¡muy bonito!, © 2015 grimmstories.com
y al pie del enebro los enterró. © 2015 grimmstories.com
Kivit, kivit, ¡qué lindo pajarito soy yo!."


* * * FIN * * *

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