ESPAÑOL

Bestia peluda

ROMÂNĂ

Piele de magar


Había una vez un rey que tenía una esposa cuyos cabellos parecían de oro, y tan hermosa que en toda la tierra no se habría encontrado otra igual. Cayó enferma y, presintiendo su fin, llamó a su marido y le dijo:
- Si cuando yo muera quieres casarte de nuevo, no escojas a ninguna mujer que sea menos hermosa que yo y que no tenga el cabello de oro. ¡Prométemelo!
El Rey se lo prometió, y ella, cerrando los ojos, murió.
Por largo tiempo al Rey estuvo inconsolable, sin pensar ni por un momento en volverse a casar, hasta que, al fin, dijeron sus consejeros:
- No hay más remedio sino que vuelva a casarse el Rey para que tengamos Reina.
Entonces fueron enviados mensajeros a todas las partes del país, en busca de una novia semejante en belleza a la reina fallecida. Pero en todo el mundo no había otra, y, aunque se hubieran encontrado una, no tendría los cabellos de oro. Por eso, los mensajeros tuvieron que regresar a la Corte con las manos vacías.
Pero he aquí que el Rey tenía una sobrina que era el vivo retrato de su esposa muerta, tan hermosa como ella y con la misma cabellera de oro. La contempló un día el Rey, y viéndola en todo igual a su difunta esposa, de repente se sintió enamorado de ella. Dijo pues a sus consejeros:
- Me casaré con mi sobrina, ya que sobrina, ya que es el retrato de mi esposa muerta; de otra manera, no encontraría una novia que se le pareciese.
La joven al conocer la intención de su tío se horrorizó, pues estaba totalmente enamorada de un noble joven. Así es que pensó en la manera de hacerlo desistir de su desatinada decisión y le dijo:
- Antes de satisfacer vuestro deseo, es preciso que me regaléis tres vestidos: uno, dorado como el sol; otro, plateado como la luna, y el tercero, brillante como las estrellas. Además quiero un abrigo hecho de mil pieles distintas; y ha de tener un pedacito de la piel de cada uno de los animales de vuestro reino.
Al decir esto pensaba:
"Es absolutamente imposible conseguir todo eso, y, así, conseguiré que mi tío renuncie a su idea." Pero el Rey se mantuvo obstinado, y las doncellas más habilidosas del país hubieron de tejer las tres telas y confeccionar un vestido dorado como el sol, otro plateado como la luna y otro brillante como las estrellas; y los cazadores tuvieron que capturar los animales de todo el reino y quitarles un pedazo de piel, y con los trocitos fue hecho un abrigo de mil pieles distintas. Cuando ya todo estuvo dispuesto, el Rey mandó llamar a su sobrina y, le presentó los objetos exigidos por ella, y le dijo:
- Mañana será nuestra boda.
Al comprender la doncella que no había ninguna esperanza de hacer cambiar la decisión de la decisión de su tío, resolvió huir. Por la noche, cuando ya todo el mundo dormía, se levantó y tomó las siguientes cosas: un anillo de oro, una diminuta rueca del mismo metal y una devanadera, también de oro; los tres vestidos, comparables al sol, la luna y las estrellas, los metió en una cáscara de nuez, y se puso el áspero abrigo de pieles, manchándose, además, de hollín la cara y las manos.
Seguidamente se encomendó a Dios y escapó. Estuvo andando toda la noche, hasta que llegó a un gran bosque. Como se sentía muy cansada, se sentó en el hueco de un árbol y quedó dormida.
Salió el sol, pero ella continuó dormida, sin despertarse a pesar de lo muy avanzado del día.
Sucedió que el Rey a quien pertenecía el bosque, había salido a cazar en él. Cuando sus perros llegaron al árbol, se pusieron a husmear, dar vueltas en derredor y ladrar; por lo que el Rey dijo a los cazadores:
- Id a ver qué clase de animal se ha escondido allí.
Los hombres cumplieron la orden, y, a la vuelta, dijeron:
- En el hueco del árbol hay un animal asombroso, como jamás viéramos otro igual; su pellejo es de mil pieles distintas. Está echado, durmiendo.
Ordenó el Rey:
- Ved si es posible tomarlo vivo; en ese caso lo atáis y lo cargáis en el coche.
Cuando los cazadores sujetaron a la doncella, ésta, despertándose sobresaltada, les gritó:
- Soy una pobre muchacha desvalida, abandonada de padre y madre. Apiadaos de mí y llevadme con vosotros.
Dijeron los cazadores:
- "Bestia Peluda," servirás para la cocina; ven con nosotros, podrás ocuparte en barrer las cenizas.
Y, la subieron al coche, la condujeron al palacio real. Allí le asignaron una pequeña cuadra al pie de la escalera, donde no penetraba ni un rayo de luz, y le dijeron:
- "Bestia Peluda," vivirás y dormirás aquí.
Luego la mandaron a la cocina, donde tuvo que ocuparse en traer leña y agua, avivar el fuego, desplumar aves, seleccionar legumbres, barrer la ceniza y otros trabajos rudos como éstas.
Allí vivió "Bestia Peluda" mucho tiempo, llevando una vida miserable. ¡Ah, hermosa jovencita! ¿Qué va a ser de ti? Pero ocurrió un día que hubo fiesta en palacio, y ella dijo al cocinero:
- ¿No me dejarías subir un ratito a verlo? Me quedaré a mirarlo junto a la puerta.
Le respondió el cocinero:
- Puedes ir, si quieres, pero debes estar de vuelta dentro de media hora para recoger la ceniza.
Tomó ella el candil, bajó a la cuadrita, se quitó el abrigo de piel y se lavó el hollín de la cara y las manos, con lo que reapareció su belleza en todo su esplendor. Abriendo luego la nuez, sacó el vestido reluciente como el sol y se lo puso, y, así ataviada, subió a la sala donde se celebraba la fiesta. Todos le dejaron libre paso, pues nadie la conocía y la tomaron por una princesa. El Rey salió a recibirla y, ofreciéndole la mano, la invitó a bailar con él, mientras pensaba en su corazón: "Jamás mis ojos vieron una mujer tan bella." Terminado el baile, se inclinó la doncella y, al buscarla el Rey, había desaparecido, sin que nadie supiera su paradero. Los centinelas de las puertas de palacio declararon, al ser preguntados, que no la habían visto entrar ni salir.
Ella había corrido a la cuadra, en la que, después de quitarse rápidamente el vestido, se ennegreció cara y manos y se puso el tosco abrigo, convirtiéndose de nuevo en la "Bestia Peluda." Cuando volvió a la cocina, a su trabajo, se puso a recoger la ceniza, le dijo el cocinero:
- Deja esto para mañana y prepara la sopa del Rey; también quiero yo subir un momento a echar una mirada. Pero procura que no te caiga ni un pelo; de lo contrario, no te daremos nada de comer en adelante.
El hombre se marchó, y "Bestia Peluda" condimentó la sopa del rey, haciendo un caldo lo mejor que supo, y, cuando ya la tenía lista, bajó a la cuadra, a buscar el anillo de oro, y lo echó en la sopera.
Terminada la fiesta, mandó el Rey a que le sirvieran la cena, y encontró la sopa tan deliciosa como jamás la hubiera comido. Y en el fondo del plato encontró el anillo de oro, no acertando a comprender cómo había podido ir a parar allí. Mandó entonces que se presentase el cocinero, el cual tuvo un gran susto al recibir el recado, y dijo a "Bestia Peluda":
- Seguro que se te ha caído un cabello en la sopa. Si es así, te costará una paliza.
Al llegar ante el Rey, éste le preguntó quién había preparado la sopa, a lo que respondió el hombre:
- Yo la preparé.
Pero el Rey le replicó:
- No es verdad, pues estaba guisada de modo distinto y era mucho mejor que de costumbre.
Entonces dijo el cocinero:
- He de confesar que no la guisé yo, sino aquel animalito tosco.
- Márchate y dile que suba - ordenó el Rey.
Al presentarse "Bestia Peluda" le preguntó el Rey:
- ¿Quién eres?
- Soy una pobre muchacha sin padre ni madre.
- ¿Qué haces en mi palacio? - siguió preguntando el Soberano.
- No sirvo sino para que me tiren las botas a la cabeza - respondió ella.
- ¿De dónde sacaste el anillo que había en la sopa?
- No sé nada del anillo.
El Rey tuvo que despedirla, sin sacar nada en claro.
Al cabo de algún tiempo se celebró otra fiesta, y, como la vez anterior, "Bestia Peluda" pidió al cocinero que le permitiese subir a verla. Quien le dijo:
- Sí, pero vuelve dentro de media hora para preparar aquella sopa que tanto gusta al Rey.
Corrió la muchacha a la cuadra, se lavó rápidamente, sacó de la nuez el vestido plateado como la luna, y se puso. Se dirigió a la sala de fiestas, con la figura de una verdadera princesa, y el Rey salió nuevamente a su encuentro, muy contento de verla, y como en aquel preciso instante comenzaba el baile, bailaron juntos. Terminado el baile, volvió ella a desaparecer con tanta rapidez que el Rey no logró percatarse ni qué dirección había seguido. La muchacha corrió a la cuadrita, se vistió de nuevo de "Bestia Peluda" y fue a la cocina, a guisar la sopa. Mientras el cocinero estaba arriba, ella fue a buscar su rueca de oro y la echó en la sopera, vertiendo encima la sopa, que fue servida al rey. Éste lo encontró tan deliciosa como la otra vez, e hizo llamar al cocinero, quien no tuvo más remedio que admitir que "Bestia Peluda" había preparado la sopa.
La muchacha fue llamada nuevamente ante el Rey, volvió a contestar a éste que sólo servía para que le arrojasen las botas a la cabeza, y que nada sabía de la rueca de oro.
En la tercera fiesta organizada por el Rey, las cosas transcurrieron como las dos veces anteriores. El cocinero le dijo:
- Eres una bruja, "Bestia Peluda," y siempre le echas a la sopa algo para hacerla mejor y para que guste al Rey más que lo que yo le guiso. - Sin embargo, ante su insistencia, le dejó ausentarse por corto tiempo.
Esta vez se puso el tercer vestido, el que relucía como las estrellas, y se presentó en la sala. El Rey volvió a bailar con la bellísima doncella, pensando que jamás había visto otra tan bonita. Y, mientras bailaban, sin que ella lo advirtiese le pasó una sortija de oro por el dedo; además, había dado orden de que el baile se prolongase mucho tiempo. Al terminar, trató de sujetarla por las manos, pero ella se escurrió, huyendo tan rápida entre los invitados, que en un instante desapareció de la vista de todos. Corrió a toda velocidad a la cuadra del pie de la escalera, porque su ausencia había durado mucho más de media hora, y no tuvo tiempo para cambiarse de vestido, por lo cual se echó encima su abrigo de piel. Además, con la prisa no se manchó del todo, pues un dedo le quedó blanco. Se dirigió a la cocina, preparó la sopa del Rey y, al salir el cocinero, echó en la sopera la devanadera de oro. El Rey, al encontrar el objeto en el fondo de la fuente, mandó llamar a "Bestia Peluda," y entonces se dio cuenta del blanquísimo dedo y de la sortija que le había puesto durante el baile. La tomó firmemente de la mano, y, con los esfuerzos de la muchacha por soltarse, se le abrió un poco el abrigo, asomando por debajo el vestido, brillante como las estrellas. El Rey le despojó de un tirón el abrigo, y aparecieron los dorados cabellos, sin que la muchacha pudiese ya seguir ocultando su hermosura. Y, una vez lavado el hollín que le ennegrecía el rostro, apareció la criatura más bella que jamás hubiese existido sobre la Tierra. Dijo el Rey:
- ¡Tú eres mi amadísima prometida, y nunca más nos separaremos!
Pronto se celebró la boda, y el matrimonio vivió contento y feliz hasta la hora de la muerte.
A fost odata ca niciodata; ca de n-ar fi, nu s-ar mai povesti; de cand facea plopsorul pere si rachita micsunele; de cand se bateau ursii in coade; de cand se luau de gat lupii cu mieii de se sarutau, infratindu-se; de cand se potcovea puricele la un picior cu nouazeci si noua de oca de fier si s-arunca in slava cerului de ne aducea povesti. De cand se scria musca pe parete,mai mincinos cine nu crede.

A fost odata un imparat si o imparateasa. In casatoria lor ei au trait ca fratii, si numai o fata au fost facut. Ca si muma-sa, aceasta fata, din nastere, era cu o stea in frunte. Murind imparateasa, a lasat cu sufletul la ceasul mortii ei si cu juramant ca imparatul, sotul ei, sa nu vaduveasca, ci sa ia de sotie pe aceea la care se va potrivi condurul ei. imparatul o iubea, nevoie mare. Si nici in ruptul capului nu voia sa se insoare de a doua oara. Un an intreg, intregulet o planse dupa inmormantarea ei. Sfatul imparatiei, stiind hotararea imparatesei, lasata cu grai de moarte, se tot tinea de imparat ca sa se insoare, si mai multe nu. El se tot impotrivea cu fel de fel de cuvinte.

Daca vazu si vazu ca scapare nu este, se lasa si el dupa sfatul mai-marilor imparatiei. Dete condurul raposatei imparatese si doi trimisi ai Sfatului imparatesc razbatu tari si cetati, cautand la cine s-ar potrivi condurul. Nu trecu mult si se intoarsera precum se dusera, fara nici o isprava. Pasamite, condurul nu se potrivi la nici o fata de imparat, la nici o cucoana, la nici o jupaneasa, la nici o taranca, ba chiar la nici o roaba. Imparatul nu mai putea de bucurie de aceasta intamplare. Condurul sta d-a pururea pe masa in camara imparatului. Oricine voia sa-l incerce avea toata voia.

Intr-una din zile cand imparatul tinea sfat cu boierii cei mari pentru trebile imparatiei, iaca si fie-sa ca vine si se juca si se zbenguia p-acolo prin camara. Trecand si pe langa masa si vazand condurul, il ia si il incalta; cand, ce sa vedeti d-voastra, cinstiti boieri, parca fusese d-acolo. Incepu a alerga iara dupa jucarii, ca un copil ce era. Ea luase condurul fara sa stie al cui este si pentru ce sta pe masa. Cand vazura boierii una ca aceasta, ramasera inmarmuriti de uimire. Ce sa faca ei? Hotararea imparatesei era lamurita. Sa nu vaduveasca imparatul dupa pristavirea ei, ci sa ia pe aceea la care se va potrivi condurul ei. Sa lase pe imparatul sa vaduveasca pentru ca nu s-a potrivit condurul la nici o muiere, calca juramantul imparatesei de la ceasul mortii sale; sa sileasca pe imparatul sa ia de sotie pe fie-sa, se temea de Dumnezeu. Ce sa faca dar?

Dupa multe chibzuiri, Sfatul imparatiei gasi cu cale ca imparatul n-ar pacatui de ar lua de sotie pe fie-sa, fiindca asa lasase cu sufletul imparateasa si pentru ca Dumnezeu chiar oranduise asa, deoarece la nimeni de pe lume nu se potrivise condurul raposatei. Numaidecat mai-marii tarii zisera fetei sa se gateasca de nunta.Acum alta nevoie. Nici fata nu voia sa ia pe tata-sau de sot. Ea zise:
- Unde ati mai auzit, boieri dumneavoastra, batjocura ca aceasta, sa ia tatal de sotie pe fie-sa.
- Nu te supara, domnita, si nu fii asa tantosa. Are sa curga multa apa pe garla pana s-ajungi a cunoaste tainele imparatiei ca noi. Si apoi, raposata maica imparatiei tale, cea atat de vestita in lume de cuminte, a lasat cu sufletul ca imparatul, tatal tau, sa nu vaduveasca, ci sa se insoare cu aceea la care se va potrivi pe picior condurul ei.
- Cautati, mai zise fata, si gasiti pe vreauna la care sa se potriveasca condurul mamei pe piciorul ei.
- Am razbatut, raspunsera boierii, imparatii si cetati, targuri si catune, am incercat si la bun si la rau, la tinere si la batrane, la femei de neam si la de cele proaste, pana si la roabe, si la nimeni nu s-a potrivit. Dumnezeu ne-a aratat pe aceea pe care imparatul nostru trebuie sa o ia de sotie.

Vazand fata ca n-are incotro, ceru timp de trei zile in care sa se gandeasca si apoi sa-si dea raspunsul. Si trecand in camara ei, se puse pe un plans, de sa te fereasca Dumnezeu; varsa niste lacrami cat pumnul si suspina de sa-i sparga pieptul. Planse ce planse, dara vazu ca de la plans nu castiga nimic. Se duse deci la dadaca-sa, ii spuse cele intamplate si ii ceru sfat. Dadaca, dupa ce se gandi si se razgandi, ii zise sa ceara a i se face trei randuri de haine: unul de aur, altul de margaritar si al treilea de diamante, si sa spuie ca dupa aceea se va gati. Cererea ei se indeplini tocmai pe tocmai.

In vremea aceasta, dadaca ii pregati toate cele trebuincioase pentru fuga. Cand ii aduse hainele, ii mai zise o data sa se gateasca de nunta. Fata raspunse ca este gata. Boierii ramasera multumiti, auzind raspunsul fetei; ei crezura ca in cele din urma ea a cunoscut ca trebuie sa se supuie Sfatului imparatiei. Seara, ii aduse si dadaca cele pentru fuga. Isi baga hainele cele frumoase ce le capatase in desagi, se imbraca cu o piele de magar pe care i-o adusese dadaca si fugi. Ascultati, boieri, cuvantul din poveste; Caci d-aci nainte mai frumos imi este.

Fugind fata imparatului de la curtea tatane-sau, apuca pe cai dosnice, pe carari neumblate de picior de om. Ea se feri ca sa nu o vaza nimeni, si fugi si fugi, pana ce iesi din imparatia tatalui sau. Trecand hotarul, ii mai veni nitica inima. Unde pana aci umbla cu moartea in san, acum se mai linisti olecuta. Merse ce merse, si ajungand la curtea imparatului locului aceluia, se puse la poarta cu chip umilit si smerit. Iara daca iesi bucatareasa si o vazu, i se facu mila de dansa si induplecandu-se de rugaciunile ei, o primi inauntru. Spuse si imparatesei ca o fata sarmana si nenorocita a nazuit la curtea imparateasca si o ruga ca sa o primeasca sa fie gainareasa curtii. Imparateasa se induiosi cand auzi ca o sirimana nevoiasa cere adapost de la dansa si porunci ca sa o puie ingrijitoare de gaini; dara ea, bucatareasa, sa raspunza de dansa.

Fiind sub ascultarea bucataresei, fata de imparat se silea in toate chipurile sa-i fie pe plac. Unde sa se adune ea cu celelalte slugi din curte? Unde sa scoata ea un cuvintel de para sau de zazanie? Unde sa calce ea cuvantul bucataresei si sa se amestece in certurile si becisniciile celorlalti? Ferit-a Dumnezeu! Ea ingrijea de pasarile din curtea imparateasca, ca de ale dansei; dupa ce deschidea cotetele, si le da de mancare, apoi le cuibarea, punea clostile si vedea de pui, mai cu mila decat clostile. Mancarea si apa, mai cu seama, nu le lipsea niciodata.

Iara daca ispravea treaba cu gainile, venea pe langa bucatareasa si-i da si ei ajutor. Toti slujbasii curtii o luau in nume de bine, vazandu-i vrednicia, si toti aveau mila de ea. Se dusese vestea pana la imparateasa de harnicia, de barbatia si de curatenia de inima a gainaresei. Imparateasa ceru sa i se infatiseze ca sa o vaza si dansa. Smerenia, nevinovatia si sfiala ce baga de seama imparateasa la gainareasa ii placu. Ea porunci bucataresei sa o ia mai de aproape, spre a nu cadea in gurile barfitorilor.

Nu trecu mult si imparatul cu imparateasa si cu fiul lor fura poftiti la nunta la un alt imparat. Ei se dusera. In ziua aceea se ceru si gainareasa de la bucatareasa cu rugaciune ca sa o lase sa se duca si ea prin cetate, sa se mai rasufle putintel. Bucatareasa ii dete voie. Gainareasa se imbraca cu hainele de aur si zicand: "Lumina inainte, intuneric inapoi, nimeni sa nu ma vaza ce voi face," se duse ca vantul si, ajungand la nunta, se prinse in hora tocmai langa fiul imparatului. Acesta cum o vazu, ii cazu tronc! la inima. Se indragosti dupa dansa, vai de lume! El o intreba a cui fata este, si de unde. Ea ii spuse alte vorbe. Iara el tot vorbind cu dansa, ii lua un inel si nu mai voi sa i-l dea.

Cand fu inspre seara, ea, cu grije, iara zise vorbele ce zisese la venire, si pieri ca o naluca din mijlocul horei. Bucatareasa o certa ca prea zabovise. Ea isi ceru iertare si se fagadui ca alta dat nu va mai face asa. Fiul imparatului nu mai putea de inima rea, ca-i scapase asa bucatica buna. Dupa putin timp, acest imparat fu iarasi poftit la o nunta de imparat. Fiul imparatului se duse si el cu tata-sau si cu muma-sa. Gainareasa se ceru si ea de la bucatareasa. si capatand voie se duse, ca si intai, imbracandu-se in hainele cu margaritare. Se prinse in hora, iarasi langa fiul imparatului. Pana seara nu juca cu altul, decat numai si numai cu dansul. Cand dete in amurg, ca si de la rand, ea pieri. Sa se prapadeasca fiul imparatului de parere de rau ca o pierduse. Nu-l mai incapea locul. O cauta prin toate partile, dara ia-o de unde nu e! Se intoarse dara cu inima zdrobita. Un fel de lancezeala il coprinse. Gainareasa, indata ce se intoarse acasa, iute, iute, se imbraca iarasi cu pielea de magar, si cauta de gaini cu voie buna si tot cantand.

Mai trecu ce mai trecu, si iarasi fu chemat imparatul la o nunta a altui imparat. El se duse iarasi cu fiul sau. Se ceru si gainareasa in ziua aceea. Dara bucatareasa nu mai voia sa-i dea drumul. Abia, abia, dupa multe rugaciuni, si cu fagaduinta de a nu se mai cere niciodata, se indupleca bucatareasa a-i da voie. Se imbraca deci in hainele sale cele cu diamante, si zicand vorbele cele ce o ascundeau de la ochii oamenilor, ea se duse si se prinse in hora iarasi langa fiul imparatului. Acesta, cum o vazu, ii veni inima la loc, fiindca fata cam intarziase. Fiul imparatului juca ce juca, si tot se uita la dansa, parca o tot pierdea din ochi. Si in adevar avea si ce vedea. Asa de bine ii sedea gatita, de parea ca este o zana. Sclipea diamantele de pe dansa de luau ochii celor ce se uitau la dansa. Fiul imparatului era mandru nevoie mare! fiindca zana numai cu dansul juca cat tinu hora. Si unde se rotea pe langa dansa si se ingamfa ca un curcan.

Iara cand fu a da inde seara, gainareasa pieri iarasi ca o naluca. Cand vazu fiul imparatului ca zana lipseste, atata ii fu. Cazu la grea boala. Pasamite prinsese lipici. Se adusera toti vracii, toate babele si toti cititorii de stele; ramasera insa rusinati, caci n-avura ce-i face. Atunci fiul imparatului spuse ma-sii ca pana n-or gasi pe fata la care se va potrivi inelul ce-i dete el, nu se va face bine. Muma-sa ruga pe imparatul sa asculte rugaciunea fiului lor. Iara imparatul porunci sa umble niste boieri din casa in casa sa incerce inelul, si la ce fata ori muiere se va potrivi, sa o aduca cu cinste la curtea imparateasca.

Umblara boierii si razbatura toate coltuletele, si ca sa se potriveasca inelul la cineva, ba. Se intoarsera deci cum s-au fost dus. Sa se dea fiul imparatului de ceasul mortii, de ciuda, cand auzi una ca aceasta! in cele mai de pe urma porunci sa se cerceteze si prin curtea imparateasca. Chema de fata pe toate muierile, slujnicile si roabele. Toate se grabira a veni. Incerca inelul si la nici una nu se potrivi. Pasamite pe gainareasa o uitasera toti cu totul. Bucatareasa isi aduse aminte si spuse imparatesei de dansa.
- Sa vie si ea, sa vie si ea, raspunse imparateasa.

O adusera cu nepusa in masa, caci ei nu-i prea era voia sa se dea la iveala imbracata in pielea de magar. Dara cine o asculta! Cum o vazura slugile, se umflara de ras. Ea, cu capul plecat si plina de rusine de batjocura tutulor slujitorilor, veni si cu sfiala se apropie. Cum ii puse inelul, parca fu de acolo; si de unde sa nu fie asa!Cum auzi fiul imparatului ca s-a potrivit inelul, odata rasari ca din somn. Porunci de o aduse in fata imparatului. Acestuia nu prea ii venea a crede ca fiu-sau sa fi cazut la boala pentru o asa netrebnica, si cat p-aci era sa-i oropseasca.

Fiul imparatului si muma-sa cazura cu rugaciune la gainareasa ca sa se faca cum era la nunta. Dupa mai multe tagaduiri, se indupleca si, ducandu-se in cocioaba ei, se imbraca si apoi veni sus, imbracata si frumoasa ca o zana. Imparatul bleojdi ochii la dansa si ramase mult timp uimit de frumusetea ei. Vazu si el acum ca buna bucatica isi alesese fiul lui. Atunci imparatul isi scoase stema din cap si o puse in capul fiului sau; tot asa facu si imparateasa, puind stema sa in capul gainaresei.

Fiul imparatului o data sari din pat. Pare ca nu mai fusese bolnav de cand lumea. Atunci gainareasa, dupa staruinta tutulor, isi spuse toata istoria. Nunta se hotari si imparatul, tatal gainaresei, fu si el poftit. Acesta cand vazu pe fie-sa la cununie, ramase ca trasnit de Dumnezeu. El o credea pierita, socotind ca-si facuse seama singura. Apoi se veselira veselie imparateasca, si traira cat traieste lumea, bucurandu-se in pace de toate fericirile pamantesti.
Iara eu incalecai p-o sea si v-o spusei dumneavoastra asa.




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